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Los Carnavales más importantes de España

12 de febrero de 2026

(no por tamaño, sino por carácter)

El carnaval no empieza un día concreto ni termina cuando se apagan las luces.
Empieza mucho antes, cuando una ciudad decide permitirse ser otra durante unos días. Cuando el orden se afloja, la ironía se vuelve pública y la calle manda.

En España, el carnaval no se celebra igual en todas partes. Porque no habla solo de disfraces o de fechas, sino de cómo es cada lugar cuando deja de fingir.

Estos son algunos de los carnavales más importantes de España. No porque lo digan los números, sino porque explican mejor a la gente que los vive.

Músicos tocando tambores en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

Cádiz: cuando el ingenio se disfraza de canción

El Carnaval de Cádiz no se mira.
Se escucha.

Aquí el disfraz importa menos que la palabra. Las chirigotas, comparsas y coros convierten la actualidad en sátira afilada, cantada con gracia, ironía y una inteligencia colectiva que no pide permiso.

No hace falta entender todas las referencias para sentirlo. Basta con pararse en una esquina, escuchar una letra improvisada y notar cómo la ciudad entera se ríe de sí misma antes de que lo haga nadie más.

Cádiz no se disfraza para gustar. Se disfraza para decir cosas.

Santa Cruz de Tenerife: exceso, color y celebración sin freno

Si Cádiz canta, Tenerife explota.

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es uno de los más espectaculares del mundo. Plumas imposibles, lentejuelas, cuerpos en movimiento y noches que no distinguen entre martes o sábado.

Aquí el carnaval es desfile, elección de reinas, cabalgatas y fiesta continua. Pero también es una forma de entender la alegría como algo compartido, físico, colectivo.

No es sutil.
No quiere serlo.

Y precisamente por eso funciona.

Bailarinas con trajes de plumas coloridas desfilando en el Carnaval de Sitges

Las Palmas de Gran Canaria: carnaval que se mezcla con el día a día

El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria no se encierra en un recinto. Se cuela en la vida cotidiana.

La playa de Las Canteras, los barrios, las calles principales… todo se impregna de carnaval con una naturalidad que sorprende. Aquí conviven concursos, galas y fiestas populares con una ciudad que sigue funcionando, pero a otro ritmo.

Es un carnaval abierto, luminoso, donde el disfraz convive con el sol y el mar sin necesidad de explicación.

Sitges: libertad, provocación y fiesta sin etiquetas

El Carnaval de Sitges no pide comprensión. Pide presencia.

Es uno de los carnavales más desinhibidos de España, donde la transgresión, la identidad y la fiesta se mezclan sin complejos. Carrozas nocturnas, disfraces que no buscan aprobación y una energía que se apoya en la noche.

Aquí el carnaval no es tradición solemne.
Es expresión personal llevada al espacio público.

Y eso lo convierte en algo muy contemporáneo.

Badajoz: calle, barrio y participación real

El Carnaval de Badajoz no presume. Participa.

Es uno de los carnavales con más implicación ciudadana del país. Comparsas, murgas y desfiles que nacen del trabajo de meses en asociaciones y barrios, no de grandes producciones externas.

Aquí el carnaval es pertenencia.
Es reconocerse en la gente que desfila contigo.

Y eso pesa más que cualquier escenario.

Máscaras tradicionales de Peliqueiros durante el Entroido en Galicia.

Galicia: cuando el carnaval se vuelve rito

En Galicia, el carnaval —el Entroido— no es solo fiesta. Es ritual.

En lugares como Laza, Verín o Xinzo de Limia, aparecen personajes ancestrales, máscaras que no buscan ser bonitas y celebraciones que conectan con algo mucho más antiguo que el calendario.

Aquí no hay lentejuelas. Hay cencerros, harina, vino y normas propias. El carnaval como herencia, no como espectáculo.

Puede incomodar.
Y por eso es tan auténtico.

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