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Gastronomía belga: más allá de las patatas y otros platos imprescindibles
La ciudad también se entiende desde el plato.
Antes de viajar miramos mapas, monumentos y barrios.
Pero casi siempre es el estómago quien decide el rumbo final.
En Bruselas, la gastronomía no es un complemento entre visitas. Es parte del viaje. Sí, están los gofres, el chocolate y los mejillones con patatas. Pero si te quedas solo ahí, te estarás perdiendo la cocina que realmente se sirve en las casas.
Aquí no venimos a hacer lista rápida. Venimos a mirar qué se cuece de verdad.

Carbonada flamenca: el estofado que define un invierno
Si hay un plato que resume el carácter belga, podría ser este.
Ternera guisada lentamente con cebolla caramelizada y cerveza. Oscura, profunda, reconfortante. Se acompaña con patatas fritas, asadas o en puré, porque en Bélgica la patata nunca es secundaria.
Es cocina de frío. De mesa compartida.
De las que piden pan y conversación.
Chicons au gratin: endivias sin complejos
Endivias envueltas en jamón, cubiertas de bechamel y gratinadas con queso. Gruyère o Emmental, según el lugar.
Puede sonar sencillo. Lo es. Y precisamente por eso funciona. La endivia -descubierta en el siglo XIX y convertida en símbolo nacional- aquí no se esconde: se gratina y se sirve con orgullo, casi siempre acompañada de puré.
Un clásico doméstico que no necesita adornos.
Lapin à la Kriek: dulce y ácido en equilibrio
Conejo guisado con cerveza Kriek, elaborada con cerezas agrias.
El resultado no es un capricho exótico, sino un equilibrio medido entre dulzor y acidez.
Se sirve con patatas fritas, puré o compota de manzana. Y aunque el nombre impresione, es un plato tradicional, arraigado, de esos que se heredan.

Waterzooi: Flandes en versión caldosa
Originario de Gante, el waterzooi puede ser de pescado o de pollo. Lleva puerro, zanahoria, patata y apio, todo ligado con nata y yema de huevo.
Es un guiso suave, casi cremoso, que se acompaña con pan tostado o patatas hervidas. Menos contundente que la carbonada, pero igual de representativo.
Aquí la cocina no grita.
Calienta.
Stoemp: humildad bien hecha
Puré de patata mezclado con verduras de temporada: zanahoria, espinacas, col, guisantes… A veces se acompaña con salchichas, morcilla o huevo frito.
De origen campesino, es cocina de aprovechamiento. Sin artificios. Nutritiva. Directa.
En Bruselas, lo sencillo no se disfraza de sofisticado.
Hutspot y Hodgepodge: primos del Benelux
Ambos comparten raíces en la cocina del Benelux.
El hutspot combina puré de patata, zanahoria y cebolla con carne estofada.
El hodgepodge es más guiso que puré: verduras como puerro, col o nabo con carne.
No son platos de escaparate.
Son platos de fondo.

Moules-frites: el icono que sí cumple
Mejillones del Mar del Norte cocinados normalmente con apio y vino blanco, acompañados de patatas fritas.
Hay tantas versiones como restaurantes. Y compararlas forma parte del juego. Puede que sea el plato más conocido, pero no por eso deja de ser auténtico.
Aquí la popularidad no le resta carácter.
Un último detalle práctico
En Bruselas convivirán varias lenguas en la carta.
Estos son algunos nombres que verás:
Carbonada flamenca / Carbonade flamande / Stoofvlees
Endivias gratinadas / Chicons gratinés / Witloof in de oven
Conejo a la Kriek / Lapin à la Kriek / Konijn met Kriek
Waterzooi / Kippenwaterzooi
Salchicha / Saucisse / Stoemp
Mejillones / Moules / Mosselen
Resumir la gastronomía de Bruselas en unos pocos platos siempre se quedará corto. Pero si pruebas estos, estarás entendiendo algo más que sabores.
Estarás entendiendo cómo come la ciudad cuando no está posando.