- Guía experto
- Autobús con aire acondicionado
- Traslado entre Auschwitz I y Auschwitz II/Birkenau
- Entradas incluidas a Auschwitz I y Auschwitz II/Birkenau
- Comidas y bebidas
Desde
Cancelación gratuita hasta 3 días antes
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Punto de encuentro
Plaza Matejko nº2.
Visita guiada
Visita guiada
Regreso al punto de encuentro
El recorrido termina en el mismo punto donde se inició la excursión.
No irás solo a un museo ni a ver barracones. Irás al lugar donde más de un millón de personas fueron asesinadas en apenas cuatro años. Cruzarás la entrada de Auschwitz I bajo una frase que hoy estremece: “Arbeit Macht Frei”. Tres palabras que prometían libertad y ofrecían todo lo contrario. Mentira convertida en umbral, que aún hiela la espalda.
Caminarás por barracones reales, verás fotografías de prisioneros y pertenencias robadas al llegar. No son objetos: son pruebas.
No se trata de entender cada dato, sino de no mirar hacia otro lado. Caminarás por Auschwitz I y Birkenau acompañado por un guía experto que te dará las claves para enfrentarte a lo que ves sin anestesia, pero con sentido.
Saldrás con una sensación difícil de poner en palabras. Porque lo que se hace en esta visita no es turismo. Aquí, lo que importa no cabe en un folleto.
Si, se debe presenta un documento de identidad válido (como DNI, pasaporte).
Solo se permiten bolsos pequeños (máximo 35×25×15 cm). El resto del equipaje debe dejarse en taquillas pagadas situadas fuera del recinto.
No hay un código estricto, pero sí se exige vestimenta respetuosa. Evita ropa con mensajes inapropiados, y lleva calzado cómodo para recorrer suelo irregular.
Sí, pero sin flash ni trípode. Algunas áreas, como la "Sala del cabello" o ciertos sótanos, están completamente vedadas por respeto.
Sí, hay baños (de pago) en ambos campos. Se prohíbe comer o beber en el memorial. Puedes llevar agua y comer antes o después de la visita.
Reseñas
Las fotos de los viajeros
En Auschwitz I todavía se alza la puerta con la inscripción “Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”), una frase que daba la “bienvenida” a los prisioneros y hoy hiela la sangre. En Birkenau, los nazis intentaron borrar las pruebas destruyendo las cámaras de gas antes de huir. No funcionó: la memoria colectiva, a diferencia de los muros, no se derriba con dinamita.