Excursión a Brujas y Gante en tren con grupo reducido y paseo en barca opcional
- 10 horas 30 minutos
- Cancela gratis hasta el inicio
Desde
72 €
Por Nancy F.
Travel Content Expert - Buendia
Hay ciudades que se visitan. Y otras que se recorren con intención.
Gante pertenece al segundo grupo. A solo 30–40 minutos en tren desde Bruselas, cambia el decorado institucional por torres afiladas, canales que reflejan fachadas torcidas y un ritmo menos impostado que el de otras ciudades medievales belgas.
No es un parque temático. Tampoco compite por ser la más “bonita”. Gante funciona de otra manera: se deja entender cuando caminas sin prisa, cuando subes a una torre y cuando eliges bien dónde sentarte a tomar una cerveza.
Ir y volver en el día es posible. La cuestión es cómo lo haces.

Sí. Pero no para tachar monumentos.
Desde Bruselas, el tren sale con frecuencia y en menos de una hora estás en Sint-Pieters. Muchos viajeros van directos al centro histórico. Puedes hacerlo. O puedes empezar como empieza Gante: despacio.
Un paseo breve antes de entrar en el corazón medieval ayuda a ajustar el ritmo. Porque Gante no se impone. Se descubre.
En un día bien organizado puedes recorrer sus tres torres: San Bavón, Belfort y San Nicolás; detenerte ante el Altar del Cordero Místico, cruzar Graslei y Korenlei y subir al Castillo de los Condes. Es un recorrido compacto, concentrado y coherente.
Lo importante no es verlo todo. Es entender la ciudad desde arriba, cuando subes al Belfort; y desde dentro, cuando entras en una cervecería al caer la tarde.
Volver a Bruselas por la noche, con la iluminación encendida sobre el castillo y los canales, suele ser buena idea. Aunque muchos acaban preguntándose por qué no se quedaron una noche más.

En Bélgica hay varias ciudades medievales bien conservadas. Algunas parecen detenidas en el tiempo. Gante no.
Brujas puede sentirse armónica, casi perfecta. Gante es más contradictoria. Más viva. Aquí las fachadas gremiales no son un decorado: conviven con estudiantes, tranvías y bares que no bajan la persiana temprano.
El Castillo de los Condes no es una ruina romántica. Es un recordatorio directo de poder, historia y crudeza. La Catedral de San Bavón no es solo monumental: guarda una de las obras más influyentes de la pintura europea.
Y luego está la cerveza. Y los bares. Y la sensación constante de que la ciudad no vive solo del pasado, sino que lo utiliza como escenario.
Gante no busca el flechazo inmediato. Busca algo más duradero.
Por eso, incluso en una excursión de un día desde Bruselas, puede dejar más huella de la prevista.
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