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Gante histórica: entre emperadores, herejes y gremios

5 de febrero de 2026

Antes de empezar: Gante no enseña historia en clase. La cuenta como quien ha vivido para contarla, con clase. 

No hace falta tener un máster en Historia del Arte para sentir que aquí las piedras tienen pasado. Ni haber leído a Stefan Zweig para notar que en esta ciudad la historia no está en los museos, sino en el aire, en cada adoquín, en cada esquina y en cada calle. 

Porque cada recoveco habla. Cada torre suena. Cada claustro tiene algo que decir. Y si sabes dónde mirar —y cómo escuchar—, Gante se convierte en el mejor personaje secundario de su propio relato. Protagonista y narrador de su propia historia. 

Centro histórico de Gante con arquitectura gótica y calle empedrada

 

Carlos V en pañales: Prinsenhof y la infancia de un emperador

Aquí nació Carlos I de España y V de Alemania. No en Toledo. No en Viena. En Gante.

En el Prinsenhof, entre patios burgueses, fuentes discretas y casas bajas que no conservan la pompa pero sí la atmósfera, vino al mundo el emperador que gobernó el imperio donde “nunca se ponía el sol”.

Dicen que su madre, Juana la Loca, lo tuvo rodeada de cortesanos borgoñones y criadas flamencas. Y que aprendió primero a hablar francés que castellano.

Por eso aquí no se le celebra con boato… sino con media sonrisa lacónica de orgullo rebelde.

Tips buendía:

  • Hay una estatua del pequeño Carlos con el cetro y el orbe. Un bebé coronado.
  • No esperes grandeza: Prinsenhof se camina, no se venera. No es el Vaticano.

 

La herejía de los Van Eyck: altar, cordero, y tanta historia como óleo.

El Altar del Cordero Místico no es solo una obra maestra. Es una revolución pictórica, una declaración de principios y una novela de espías con pigmento al óleo.

Los hermanos Van Eyck pintaron lo que no se debía pintar: a Dios como humano, a santos con arrugas, a vírgenes con cara de campesina. Y lo hicieron con una técnica que, seis siglos después, sigue dejando sin aliento.

Lo verás en la Catedral de San Bavón. Restaurado, rescatado y reinventado. Fue robado por Napoleón, los nazis y hasta por curas demasiado celosos. Cada uno de los 12 paneles tiene su propia historia. Cada mirada que le eches, más de una pregunta.

Tips buendía:

  • Hay un panel aún desaparecido: el de los Jueces Justos.
  • Si tienes que elegir una hora para verlo, que sea la primera del día. Sin ruido y con la calma y tiempo para darle la atención que merece.

 

Mujeres invisibles y patios escondidos: monasterios que susurran

En el callejero de Gante hay nombres que casi no se pronuncian. Como Oude Houtlei, o Monasterium PoortAckere. Lugares que no buscan el foco ni aparecen primeros en los listados… pero contienen siglos de fe, silencio y resistencia.

Los antiguos conventos femeninos de Gante son espacios de retiro y memoria. Algunos se pueden visitar, otros se intuyen en la arquitectura: muros que separaban lo mundano de lo sagrado, patios donde se escuchaba a Dios y no el bullicio del mercado.

Aquí la historia no es épica, sino íntima.

Tips buendía

  • El Monasterium PoortAckere hoy es hotel, pero aún se escucha algo si prestas atención.
  • Si ves una puerta abierta, mira dentro. Gante no siempre avisa de dónde están sus tesoros.

 

La Gante de los gremios: cuando el poder no estaba solo en palacio

Olvídate de reyes. Aquí el poder estuvo en los gremios. Carpinteros, panaderos, curtidores… En el Gante medieval, las decisiones se tomaban en asambleas de comerciantes, no en salones reales.

Las casas de gremios aún bordean los canales. Muchas tienen fachadas góticas, emblemas y fechas. Pero lo interesante es lo que representaban: una ciudad que se gobernaba a sí misma. A veces con votos y a veces… a tortazo limpio.

Eran clubes, sindicatos, cuarteles y templos civiles. Hoy algunas son bares, museos o sedes culturales. El espíritu es el mismo.

Tips buendía

  • Mira los tejados: cada forma era un símbolo de estatus.
  • Patershol, Graslei y Korenlei son barrios con memoria gremial intacta.

 

Bicicletas junto al castillo medieval de Gante.

 

Revoluciones con campana: el Belfort y la ciudad como acto político

El Belfort no es solo una torre. Es un manifiesto orgulloso.

Cada campanada fue una declaración. Aquí no sonaba el Ángelus, sino la alarma, la protesta, la victoria. Desde arriba se vigilaba el horizonte… y se tañía al ritmo del humor del pueblo.

La torre es Patrimonio de la Humanidad. Pero más allá de la vista, lo que emociona es saber que fue símbolo de independencia, libertad comunal y orgullo urbano.

Donde en otras ciudades mandaba la iglesia, en Gante mandaba el campanario civil.

Tips buendía

  • Sube hasta lo alto: el dragón te espera.
  • El carillón aún suena, y no siempre con melodías alegres.

 

Muerte, arte y ritos: los retablos como forma de entender el tiempo

Antes de que existieran las maratones de series, estaban los retablos.

En Gante, muchos sobreviven en iglesias menos conocidas: San Nicolás, San Miguel, San Pedro. Todos narran, enseñan, atemorizan o consuelan. Son páginas visuales de la historia de Europa. Y cada uno es de su padre y de su madre.

Algunos muestran el Juicio Final. Otros la pasión. Otros a donantes que se hicieron pintar al lado de santos; no por humildad, claro… sino por dejar huella.

Tips buendía

  • Muchos retablos flamencos se cierran y abren como libros.
  • Fíjate en los detalles: zapatos, manos, gestos. El arte no era meramente ornamental: hay mensaje en cada pincelada.

 

El castillo de los Condes: más que piedra y tortura

Lo ves y parece de cuento. Pero el Gravensteen no lo es. Y si lo fuera sería de Allan Poe.

Fue residencia nobiliaria, sí. Pero también tribunal, prisión, fábrica y ruina. Hoy es uno de los castillos urbanos mejor conservados de Europa. Aunque eso no significa que sea cómodo. Pero la historia no lo es, al menos no cuando viene sin maquillar.

Dentro, además de murallas y vistas, hay una colección de instrumentos de tortura que no se exhibe con pudor. Te revuelve. Te recuerda que el poder no solía ser amable.

La audioguía, narrada por un cómico flamenco, mezcla sarcasmo con historia. Porque a veces reírse del horror es la única forma de nombrarlo.

Tips buendía

  • No vayas con niños si no quieres explicar cosas incómodas.
  • Si ves un evento en su patio, ni lo dudes: historia en escena.

 

Gante no guarda su historia en vitrinas. La expone en la calle. En fachadas torcidas, campanas que suenan, altares robados y patios que aún huelen a incienso.

Si te interesa la historia no como cronología sino como personaje, aquí la vas a encontrar con voz, cuerpo y acento local.

Y si no te interesa… cuidado. Gante tiene la particular costumbre de convertir a los desprevenidos en mitómanos.

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