Róterdam y La Haya están a media hora una de otra y no se parecen en nada, y de ahí sale el plan de la excursión a Róterdam y La Haya desde Ámsterdam. En una misma jornada de ocho horas ves las dos. Primero la Holanda de ladrillo y protocolo, con palacios donde todavía se trabaja. Después la que se rehizo en hormigón y cristal a la orilla del Mosa. El autocar sale a las nueve de la mañana del centro de Ámsterdam con un guía en español que va explicando durante todo el trayecto. Es una excursión en grupo compartido y se paga por persona, no por vehículo, así que sale igual de bien ir en pareja que ir solo.
La Haya, que empezó siendo el seto de un conde
La primera parada está a una hora de Ámsterdam. La Haya se llama en holandés 's-Gravenhage, que significa algo así como "el seto del conde", porque nació siendo el coto de caza donde Guillermo II de Holanda construyó una residencia a mediados del siglo XIII. De aquella casa junto a un estanque salió el Binnenhof, el patio de edificios donde se reúne el Parlamento holandés desde hace siglos y por donde arranca el paseo a pie con el guía.
El Palacio Noordeinde queda a pocos minutos andando. No es un museo sino la oficina de trabajo del rey de los Países Bajos. Enfrente está el Mauritshuis, la casa señorial que alberga La joven de la perla de Vermeer. Contemplarás su fachada y el cuadro desde el exterior, símbolo del arte flamenco que transformó Europa. Después hay un rato libre para pasear por el centro o tomar algo, y la última parada de la ciudad es el Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia.
Róterdam, la Holanda que mira al agua
Media hora al sur cambia todo. Róterdam recibe con "El hombre sin corazón" de Ossip Zadkine, la figura de bronce con el pecho agujereado que la ciudad se puso a sí misma mirando hacia el puerto. Al lado está la iglesia de San Lorenzo, la Laurenskerk, el único edificio medieval que sigue en pie en el centro.
El paseo con el guía sigue por las Casas Cubo de Piet Blom, que las pensó como copas de árbol de un bosque urbano, cada cubo volcado sobre su tronco de hormigón. De ahí le viene al conjunto el nombre de bosque de Blaak. Después vienen el Oude Haven, el puerto viejo donde empezó la ciudad y donde siguen amarrados los barcos históricos, y el Markthal, un arco de viviendas curvado sobre los puestos del mercado con el techo pintado de fruta gigante. La ruta termina en la ribera del Mosa, desde donde se entiende el perfil de torres que le ha valido a Róterdam el apodo de Manhattan del Mosa. Ahí queda el tiempo libre más largo del día, antes de volver a Ámsterdam a media tarde.
Punto de encuentro y cómo llegar
El autocar sale de De Ruijterkade, la calle que corre por el lado del agua de la estación central de Ámsterdam, en la puerta principal de la bolera Aloha. Desde los andenes de Centraal se llega andando en un par de minutos. Cualquier tranvía o metro que pare en la estación sirve igual. Conviene estar quince minutos antes de la salida. El personal se reconoce por los paraguas verdes. La vuelta es a este mismo punto a media tarde, y el autocar admite maletas, cosa que agradeces si ese día dejas el alojamiento.
Un día resuelto de principio a fin
Ocho horas, dos ciudades y una sola reserva que ya lleva el autocar de ida y vuelta, el guía en español toda la jornada y el tiempo libre de las dos paradas. Se cancela gratis hasta 24 horas antes, no hay pagos sorpresa por el camino y nuestro equipo de atención al cliente responde los 365 días del año. El almuerzo va por tu cuenta durante el rato libre de Róterdam, así que conviene llevar tarjeta o efectivo. Se camina bastante por dos centros urbanos, de modo que unas zapatillas cómodas y un chubasquero resuelven casi cualquier día holandés. La excursión no admite sillas de ruedas ni carritos de bebé.