El Museo Británico no cobra entrada. Lo que cuesta es la cola del control de acceso en hora punta y decidir por dónde empezar entre ocho millones de piezas. El tour al Museo Británico de Londres con entrada resuelve las dos cosas de una vez. Un anfitrión te espera en la fuente de Russell Square con el pase de acceso ya reservado para tu hora, el grupo entra con él sin pasar por la cola general y arranca con un tramo guiado por las piezas que nadie se quiere perder. Después el museo es tuyo y lo recorres a tu ritmo, con más de cincuenta paradas comentadas en español en tu propio móvil.
Egipto, la Piedra de Rosetta y las salas de momias
El tramo guiado del principio se hace en inglés y sirve para situarte antes de ir por tu cuenta. A partir de ahí el comentario en español lo llevas tú en el teléfono, y puedes plantarte lo que quieras delante de cada vitrina sin que nadie te meta prisa.
La sección egipcia es la más buscada del museo y ahí está la Piedra de Rosetta, el objeto más visitado de toda la colección. Es solo un fragmento de una estela mayor. Apareció en 1799 en el delta del Nilo, cuando unos ingenieros de la expedición de Napoleón la encontraron reutilizada como material de obra en un fuerte de Rashid. Al lado esperan los colosos de granito y las salas de momias, con los sarcófagos y los animales embalsamados que acompañaban al difunto.
Los mármoles del Partenón y el moái que vino del Pacífico
Los mármoles del Partenón ocupan una galería construida a propósito para ellos, alargada y con luz que entra por arriba. El friso se lee de corrido como una tira de cómic tallada. En las paredes cortas están las figuras de los frontones y las metopas de la batalla de centauros, con los cuerpos torcidos en pleno esfuerzo.
En el extremo opuesto del museo, y de la geografía, espera Hoa Hakananai'a, un moái de basalto que la tripulación del HMS Topaze se llevó de Orongo en 1868. Su nombre se suele traducir como el amigo robado o el amigo escondido. Cerca están las piezas mesoamericanas de turquesa y obsidiana.
El Gran Atrio y la Sala de la Ilustración
El Gran Atrio es la plaza cubierta más grande de Europa y funciona como el centro del museo, con el tambor circular de la antigua Sala de Lectura en medio y las escaleras que lo rodean. Es también el rincón que aparece en "Una noche en el museo".
De ahí se pasa a la Sala de la Ilustración, forrada de vitrinas de madera de suelo a techo, la sala donde el museo se explica a sí mismo. Se guardan ahí los objetos con los que el siglo XVIII intentó ordenar el mundo entero, y entre ellos está el cráneo de cristal de cuarzo. Cerca cuelgan dibujos de Rembrandt, Holbein y Leonardo da Vinci, que van rotando porque el papel no aguanta luz continua.
Punto de encuentro y cómo llegar
El encuentro es en la fuente de Russell Square, en pleno Bloomsbury, a unos cinco minutos andando del museo. La parada de metro Russell Square está en la esquina de la plaza. Holborn y Tottenham Court Road quedan a poco más de diez minutos. Conviene llegar puntual, porque el anfitrión entrega ahí el pase de acceso antes de llevar al grupo hasta la entrada de Great Russell Street. Para acreditar la reserva basta con el voucher que llega por correo.
Antes de entrar hay un control de seguridad con revisión de bolsas. No se admiten maletas con ruedas ni bolsas grandes, así que si aterrizas ese mismo día mejor dejar el equipaje antes. Y como el comentario suena en tu propio teléfono, hacen falta auriculares y batería.
Qué llevas contratado
Dos horas en total, con el tramo guiado del principio y el resto del museo a tu aire con el comentario en el móvil. Todo va en una sola reserva, sin nada que pagar en la puerta, y el pase de acceso lleva la donación al museo ya incluida.
Se cancela gratis hasta 24 horas antes de la hora de inicio, y la reserva también hay que cerrarla con 24 horas de antelación. Nuestro equipo de atención al cliente responde los 365 días del año. El calendario abre varias salidas al día y la hora se elige al reservar, siempre en hora local de Londres.
El recorrido está clasificado en el nivel de dificultad más bajo, aunque se anda y se está de pie casi todo el rato. La actividad no admite sillas de ruedas ni carritos de bebé. Cuando el tour termina el museo sigue abierto y sin cobrar entrada, así que puedes quedarte por tu cuenta el tiempo que quieras.