La entrada al Museo Británico es gratuita y su colección ronda los ocho millones de piezas de todos los continentes, así que la dificultad de visitarlo está en saber dónde mirar. La visita guiada al Museo Británico resuelve eso en dos horas, con un guía en español que va directo a las salas donde están las piezas que todo el mundo viene a ver, de la Piedra de Rosetta a las esculturas del Partenón. Lo que se reserva es el recorrido y la persona que lo explica, porque el acceso a la colección permanente no se paga.
La fachada, el Gran Atrio y la sala más antigua del edificio
El recorrido empieza fuera, en la escalinata de Great Russell Street, delante de una fachada de columnas jónicas de 1852 que imita a propósito a un templo griego. Pasado el control de acceso se cruza el Gran Atrio, la plaza cubierta que Norman Foster techó en el año 2000 con una malla de cristal y acero de más de tres mil paneles, ninguno igual a otro. De ahí se entra en la Sala de la Ilustración, la más antigua del edificio actual, construida en los años veinte del siglo XIX para albergar la biblioteca de Jorge III y forrada de estanterías de suelo a techo.
Egipto y Asiria, donde la escritura se vuelve legible
En la sección egipcia, la más buscada del museo, está la Piedra de Rosetta, el bloque de granodiorita que permitió descifrar los jeroglíficos. Lleva el mismo decreto escrito tres veces, en jeroglífico, en demótico y en griego, y esa repetición fue la llave para leer una lengua que llevaba catorce siglos muda. Champollion lo consiguió en 1822. Alrededor están las esculturas colosales y las salas de momias, donde el guía cuenta cómo funcionaban los ritos funerarios egipcios.
Después llega Asiria. Los toros alados con cara humana que guardaban los palacios de Nimrud pesan varias toneladas y llegaron a Londres por barco en el siglo XIX. En las salas asirias se conserva parte de la Biblioteca de Asurbanipal, miles de tablillas de arcilla cocida traídas de Nínive, lo más parecido a una biblioteca completa del mundo antiguo.
Grecia, el Partenón y el salto al Pacífico
La sala del Partenón guarda buena parte del friso que recorría el templo de Atenea en la Acrópolis, con la procesión de las Panateneas esculpida en relieve y los caballos que se salen del mármol. Es la parte del museo con más discusión política encima, y el guía también lo cuenta.
El recorrido termina lejos del Mediterráneo. Hoa Hakananai'a es un moái de basalto de más de dos metros que salió de Orongo, en la isla de Pascua, y tiene grabados en la espalda que casi nadie mira. Al lado esperan las salas mesoamericanas, con las piezas aztecas de turquesa y obsidiana que cierran la visita.
Punto de encuentro y cómo llegar
El encuentro es en las escaleras de la entrada principal, en Great Russell Street, en pleno Bloomsbury. Las estaciones de metro más cercanas son Tottenham Court Road, Holborn y Russell Square, todas a menos de diez minutos andando. Antes de llegar al grupo hay que pasar el control de acceso del museo, que en temporada alta acumula cola, de modo que conviene salir con margen. Al guía se le reconoce por una bandera azul y verde. En el control no se admiten maletas ni bolsas de gran tamaño, así que si aterrizas ese mismo día mejor dejar el equipaje antes.
Todo lo que llevas contratado
Dos horas con un guía en español por las salas principales del museo, en una sola reserva y sin pagos adicionales por el camino. Se cancela gratis hasta 24 horas antes de la hora de inicio. Nuestro equipo de atención al cliente responde los 365 días del año. Hay varias salidas al día todos los días de la semana, con la hora a elegir al reservar. En el punto de encuentro basta el voucher que llega por correo. Se anda y se está de pie durante todo el recorrido, a ritmo tranquilo, con la dificultad clasificada en el nivel más bajo. La visita es accesible en silla de ruedas, aunque no admite carritos de bebé. Cuando acaba, el museo sigue abierto sin cobrar entrada, de modo que puedes quedarte por tu cuenta el tiempo que quieras.