Buendía

Visita guiada al Museo Británico

Duración 1 minuto

Guía en español

Audioguía en español

Nivel de la actividad
1/5 Nivel bajo

Información de la actividad

Nivel bajo 1/5

Paseo por ciudad.

Nivel medio 2/5

No requiere calzado deportivo.

Nivel medio-alto 3/5

Excursión con cierta exigencia física. Recomendable calzado deportivo.

Nivel alto 4/5

Actividad físico-deportiva que requiere material deportivo.

Nivel extremo 5/5

Requiere ser experto en la actividad y saber utilizar material específico.

Accesible para personas con movilidad reducida

Punto de encuentro
Museo Británico Abrir en Google Maps

Museo Británico, en las escaleras de la entrada principal., WC1B 3BA Londres

Hablamos contigo

¿Dudas? Estamos aquí para ayudarte.

Qué harás

  • Recorrerás en dos horas las salas principales del Museo Británico con un guía en español que explica pieza por pieza
  • Te plantarás delante de la Piedra de Rosetta y entenderás por qué ese bloque de piedra devolvió la lectura a los jeroglíficos
  • Cruzarás las salas asirias entre los toros alados de Nimrud y las tablillas de arcilla de la Biblioteca de Asurbanipal
  • Verás de cerca el friso del Partenón y la procesión de las Panateneas esculpida en el mármol
  • Cerrarás el recorrido con Hoa Hakananai'a, el moái de la isla de Pascua, y con las piezas aztecas de turquesa y obsidiana

Descripción

La entrada al Museo Británico es gratuita y su colección ronda los ocho millones de piezas de todos los continentes, así que la dificultad de visitarlo está en saber dónde mirar. La visita guiada al Museo Británico resuelve eso en dos horas, con un guía en español que va directo a las salas donde están las piezas que todo el mundo viene a ver, de la Piedra de Rosetta a las esculturas del Partenón. Lo que se reserva es el recorrido y la persona que lo explica, porque el acceso a la colección permanente no se paga.

La fachada, el Gran Atrio y la sala más antigua del edificio

El recorrido empieza fuera, en la escalinata de Great Russell Street, delante de una fachada de columnas jónicas de 1852 que imita a propósito a un templo griego. Pasado el control de acceso se cruza el Gran Atrio, la plaza cubierta que Norman Foster techó en el año 2000 con una malla de cristal y acero de más de tres mil paneles, ninguno igual a otro. De ahí se entra en la Sala de la Ilustración, la más antigua del edificio actual, construida en los años veinte del siglo XIX para albergar la biblioteca de Jorge III y forrada de estanterías de suelo a techo.

Egipto y Asiria, donde la escritura se vuelve legible

En la sección egipcia, la más buscada del museo, está la Piedra de Rosetta, el bloque de granodiorita que permitió descifrar los jeroglíficos. Lleva el mismo decreto escrito tres veces, en jeroglífico, en demótico y en griego, y esa repetición fue la llave para leer una lengua que llevaba catorce siglos muda. Champollion lo consiguió en 1822. Alrededor están las esculturas colosales y las salas de momias, donde el guía cuenta cómo funcionaban los ritos funerarios egipcios.

Después llega Asiria. Los toros alados con cara humana que guardaban los palacios de Nimrud pesan varias toneladas y llegaron a Londres por barco en el siglo XIX. En las salas asirias se conserva parte de la Biblioteca de Asurbanipal, miles de tablillas de arcilla cocida traídas de Nínive, lo más parecido a una biblioteca completa del mundo antiguo.

Grecia, el Partenón y el salto al Pacífico

La sala del Partenón guarda buena parte del friso que recorría el templo de Atenea en la Acrópolis, con la procesión de las Panateneas esculpida en relieve y los caballos que se salen del mármol. Es la parte del museo con más discusión política encima, y el guía también lo cuenta.

El recorrido termina lejos del Mediterráneo. Hoa Hakananai'a es un moái de basalto de más de dos metros que salió de Orongo, en la isla de Pascua, y tiene grabados en la espalda que casi nadie mira. Al lado esperan las salas mesoamericanas, con las piezas aztecas de turquesa y obsidiana que cierran la visita.

Punto de encuentro y cómo llegar

El encuentro es en las escaleras de la entrada principal, en Great Russell Street, en pleno Bloomsbury. Las estaciones de metro más cercanas son Tottenham Court Road, Holborn y Russell Square, todas a menos de diez minutos andando. Antes de llegar al grupo hay que pasar el control de acceso del museo, que en temporada alta acumula cola, de modo que conviene salir con margen. Al guía se le reconoce por una bandera azul y verde. En el control no se admiten maletas ni bolsas de gran tamaño, así que si aterrizas ese mismo día mejor dejar el equipaje antes.

Todo lo que llevas contratado

Dos horas con un guía en español por las salas principales del museo, en una sola reserva y sin pagos adicionales por el camino. Se cancela gratis hasta 24 horas antes de la hora de inicio. Nuestro equipo de atención al cliente responde los 365 días del año. Hay varias salidas al día todos los días de la semana, con la hora a elegir al reservar. En el punto de encuentro basta el voucher que llega por correo. Se anda y se está de pie durante todo el recorrido, a ritmo tranquilo, con la dificultad clasificada en el nivel más bajo. La visita es accesible en silla de ruedas, aunque no admite carritos de bebé. Cuando acaba, el museo sigue abierto sin cobrar entrada, de modo que puedes quedarte por tu cuenta el tiempo que quieras.

Condiciones

Cancelación gratuita hasta 24h antes

Puedes cancelar en cualquier momento hasta 24h antes del inicio de la actividad, después de ese periodo no se obtiene ningún reembolso.

Qué incluye

  • Audioguía en español
  • Guía local
  • Entradas al Museo Británico.

No apto para

  • Carritos y sillas de bebé

No permitido

  • Mascotas

Preguntas frecuentes

¿Qué se paga en la visita guiada al Museo Británico si la entrada al museo es gratuita?

Se paga el recorrido guiado, no el acceso. La colección permanente del Museo Británico es de entrada libre y lo ha sido desde que el museo abrió, así que lo que reservas son las dos horas con un guía en español que selecciona las salas, ordena el itinerario y explica cada pieza. Sin reserva entrarías igual, pero delante de ocho millones de objetos y sin nadie que te diga por dónde empezar.

¿Merece la pena la visita guiada al Museo Británico de Londres?

Sí. El museo es enorme y de entrada libre, así que mucha gente entra, camina una hora larga y se va sin haber visto lo que venía a ver. En dos horas guiadas pasas por la Piedra de Rosetta, las salas egipcias, Asiria, el Partenón y las piezas del Pacífico y de Mesoamérica, con un guía que te explica qué son y de dónde salieron. Al terminar, el museo sigue abierto, de modo que puedes volver por tu cuenta a lo que te haya enganchado.

¿Cuánto dura la visita guiada al Museo Británico y a qué hora empieza?

Dura dos horas. El calendario tiene varias salidas al día, todos los días de la semana, y la hora concreta se elige al reservar. Las horas que aparecen son las locales de Londres, que va una hora por detrás de la península.

¿Dónde es el punto de encuentro de la visita guiada al Museo Británico?

En las escaleras de la entrada principal del museo, en Great Russell Street, barrio de Bloomsbury. Las estaciones de metro más cercanas son Tottenham Court Road, Holborn y Russell Square. Antes de llegar al grupo hay que pasar el control de acceso del museo, y ese control acumula cola en temporada alta, así que conviene ir con margen. Al guía se le reconoce por una bandera azul y verde. Para acreditar la reserva basta con mostrar el voucher que llega por correo.

Reseñas

Opiniones de Visita guiada al Museo Británico

5

Según 2 opiniones

5 estrellas
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4 estrellas
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3 estrellas
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2 estrellas
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1 estrella
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Opiniones (2)

  • PATRICIA 07/09/2025
    5

    Muy buena experiencia, el guía tenía muchos conocimientos y cuenta muchas curiosidades,por lo que la visita se hace amena. La única pega es que el museo está muy lleno de gente y a veces agobia un poco, pero la experiencia fue muy buena

  • Macarena 04/12/2024
    5

    Fue una experiencia muy buena. El museo es enorme y con este tour se puede condensar muy bien lo más importante.

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¿Sabías qué?

El Museo Británico nunca ha cobrado entrada. Cuando el Parlamento lo creó en 1753 con la colección que Hans Sloane dejó al Estado, la ley fijó que el acceso fuera libre para "todas las personas estudiosas y curiosas". Con esa regla abrió el 15 de enero de 1759 en Montagu House, la casa señorial que ocupaba este mismo solar de Bloomsbury. Aquella gratuidad venía con condiciones, porque el pase había que pedirlo por escrito y esperar la aprobación, así que entraban muy pocos visitantes al día. Hoy se cruza la puerta sin trámite y lo único que se contrata es quien te lo cuenta.