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Qué ver en Potes y Liébana: cómo organizar la visita entre monasterios, pueblos y Picos de Europa

por Pablo San Román | Chief Brand Officer | buendía
22 de mayo de 2026 · Lo lees en 15 minutos

Potes parece un pueblo de montaña más, pero funciona mejor como puerta de entrada a Liébana: una jornada bien organizada aquí permite enlazar monasterio, casco y otros puntos de la comarca sin convertir el día en una suma de kilómetros por carreteras de montaña. La capital comarcal tiene torre del siglo XIV, mercado documentado en 1291 y casco peatonal sobre la confluencia de tres ríos; a media hora en coche, un monasterio con el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo y una estación de teleférico inaugurada en 1966. Quien lo recorre con un plan claro encadena monasterio, casco y comida sin sensación de prisa; quien improvisa suele descubrir demasiado tarde que las distancias aquí engañan. 

Potes puente

El casco antiguo: torre, mercado y dos barrios 

El casco histórico de Potes se recorre a pie en una o dos horas. Lo que cabe en ese rato es la versión densa de qué ver en Potes en un día: la confluencia de los ríos Quiviesa, Deva y Bullón, las callejuelas empedradas, los puentes que enlazan las dos orillas y el conjunto patrimonial que la villa conserva en activo desde la Edad Media. 

La pieza vertical es la Torre del Infantado, construida en el siglo XIV por la familia Lama y pasada después a Tello, hermano de Enrique II y señor de Liébana. Desde el siglo XVI perteneció al marqués de Santillana y a la casa del Infantado. Es Bien de Interés Cultural desde 1985 y está abierta al público desde 2011, con seis plantas distribuidas en torno a un patio central y terraza superior. Desde lo alto se distinguen los tres cauces convergiendo y la forma en que el caserío fue creciendo entre ellos: calles estrechándose, puentes cortos y un trazado que sigue más el terreno más que cualquier plano previo. 

Esos dos barrios que crecen a uno y otro lado del Quiviesa son el del Sol y el de la Solana. Recorrer Potes a pie sin atravesar los dos en circuito es ver media villa. El barrio del Sol concentra las casonas hidalgas blasonadas —la Casona de la Canal, hoy casa de cultura, y la Torre del Orejón de la Lama— en una de las calles más antiguas del conjunto. La Solana, al otro lado del río, conserva el tejido de casas colgadas sobre el cauce, callejuelas estrechas y la silueta que produce la composición más reproducida de Potes desde cualquiera de sus puentes históricos. El de San Cayetano suele llevarse la foto; el de la Cárcel y el Nuevo cambian la perspectiva y hacen más evidente la relación entre el casco y los ríos. 

 Potes plaza

Cada lunes por la mañana, la plaza de la Serna acoge un mercado documentado en 1291: Sancho IV ordenó que los asistentes dejaran las armas en la posada hasta el regreso a casa. Setecientos años después la cita sigue activa con productos de la comarca —queso, orujo, mantequilla, embutido, mimbre—. El aparcamiento se complica; las plazas se llenan; los lunes el valle entero acaba pasando por Potes. 

Una parte del trazado se reconstruyó tras la guerra civil —la villa sufrió daños en 1937 y el Servicio Nacional de Regiones Devastadas intervino respetando la planta medieval—, lo que explica por qué algunas casonas de apariencia antigua conviven con bloques rehechos. La iglesia de San Vicente, citada en documentos del año 947, cierra el conjunto eclesiástico. 

Monasterio Santo Toribio

Santo Toribio de Liébana y un camino jacobeo propio 

A cuatro kilómetros del casco, en la ladera del monte La Viorna, el monasterio de Santo Toribio custodia el Lignum Crucis: según la tradición cristiana, el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo, con más de sesenta centímetros en el brazo vertical y más de treinta en el horizontal. Lo trajo, dice la misma tradición, Toribio, obispo de Astorga, en el siglo V. 

El privilegio jubilar lo concedió el papa Julio II en 1512 mediante bula: cuando la festividad de Santo Toribio, el 16 de abril, cae en domingo, el monasterio celebra Año Jubilar Lebaniego y abre la Puerta del Perdón a los peregrinos. En años jubilares la afluencia cambia por completo el ritmo del monasterio y de buena parte de la comarca. La concesión coloca a Liébana en la lista de cinco lugares con Año Jubilar perpetuo del catolicismo, junto a Roma, Santiago, Caravaca y Asís. Eso da a la comarca algo poco frecuente: destino jubilar autónomo, sin depender del Camino francés. 

La ruta que lleva a él es el Camino Lebaniego, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015. Setenta y dos kilómetros entre San Vicente de la Barquera —puerto cántabro al norte— y el monasterio, divididos clásicamente en tres etapas de veintiocho, treinta y catorce kilómetros. El peregrino que llega cruza primero el extremo costero de Liébana, después el desfiladero de La Hermida, y entra al monasterio por el sur. En temporada alta es habitual encontrarlos llegando todavía con mochila y botas de montaña, después de cruzar el desfiladero a pie durante varios días. 

Visitar Santo Toribio fuera de las franjas de misa abre dos cosas concretas: leer la inscripción de la Puerta del Perdón sin presión de cola, y caminar el claustro sin la coreografía litúrgica del centro de la nave. Sin contexto histórico, parte del valor del monasterio se reduce a una visita religiosa breve; lo que cambia la experiencia es saber por qué Liébana desarrolló un Año Jubilar propio y cómo eso reorganizó la comarca durante siglos. 

Mogrovejo

Mogrovejo, la periferia con torre y pizarra 

Si Santo Toribio era el eje espiritual de Liébana, Mogrovejo muestra cómo se repartía el poder y la vida cotidiana fuera de la capital comarcal. A diez kilómetros de Potes, en la cara opuesta al monasterio, este núcleo de menos de cien habitantes a seiscientos cuarenta metros de altitud conserva casas de piedra con balcones de madera, tejados de pizarra, calles que no admiten coche y una torre cuadrada del siglo XIII de veintiún metros que sigue de pie sobre la trama. Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural; en 2020 fue incluido en la lista de Pueblos más Bonitos de España. 

La torre, la casa solariega adjunta y la capilla forman un conjunto residencial medieval que ha llegado entero hasta hoy. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVII, guarda retablo barroco y talla flamenca de la Virgen de la Milagrosa. 

santo toribio

En 2016, durante seis semanas, Mogrovejo fue el escenario donde se construyó la cabaña del abuelo para el rodaje de “Heidi, reina de las montañas”, una producción angloindia dirigida por Bhava Talwar con Bill Nighy en el reparto. La película nunca llegó a estrenarse por litigios judiciales, pero el rodaje dejó una imagen útil: Mogrovejo tiene esa mezcla rara de piedra, pendiente y escala que hace que funcione sorprendentemente bien como paisaje alpino. 

La torre proyecta sombra a partir de media tarde, y la composición con las casas de pizarra y los balcones gana con esa luz lateral. Al mediodía la escena se aplana. Quien pueda elegir el momento de la visita, llegue después de comer. 

puente potes

Cómo se entra a Liébana: La Hermida, Santander y la cuestión de Fuente Dé 

Solo hay una manera de entrar a Liébana desde la costa cántabra, y es por el desfiladero de La Hermida. Veintiún kilómetros de cañón excavado por el río Deva, con paredones que pueden alcanzar los seiscientos metros, recorridos por la N-621 entre Unquera y Potes. Es el desfiladero más largo de España según los inventarios autonómicos. El conductor que llega desde Santander —algo más de cien kilómetros por A-8 y N-621, menos de dos horas si el tráfico acompaña— pierde una parte del paisaje en la curva. El pasajero, no. 

Hay tres formas de visitar Liébana y elegir bien condiciona el día. La primera —y la más completa para verlo en un día— es la jornada patrimonial: Potes + Santo Toribio + Mogrovejo + San Vicente de la Barquera, ruta larga que enlaza el centro espiritual, el casco, la periferia y el extremo costero de la comarca sin pasar por el teleférico. Para quien quiera ver el conjunto en una sola jornada sin lidiar con coche, parking y selección de paradas, en buendía operamos una excursión que sale a primera hora desde la Estación Marítima de Santander, entra a Mogrovejo por la mañana, baja a Santo Toribio antes de comer, deja tiempo libre en Potes para almuerzo y cierra en San Vicente de la Barquera al final de la tarde. El guía especializado en cultura local sitúa el monasterio en su contexto jubilar y explica el casco de Potes barrio a barrio. Es una forma de ver el eje principal de Liébana en un día sin pasar media jornada conduciendo o decidiendo paradas. 

Teleférico Fuente Dé

La segunda es venir por el icono montañero: subir al teleférico de Fuente Dé, a veinticuatro kilómetros de la villa, que salva setecientos cincuenta y tres metros de desnivel en tres minutos y cuarenta segundos, con cabinas de veinte plazas y mil cuatrocientos cincuenta metros de cable. Funciona desde el 21 de agosto de 1966. La parte de arriba se llama el Mirador del Cable y abre acceso a rutas de alta montaña. No hace falta hacer una ruta técnica para que la subida merezca la pena: mucha gente sube únicamente para caminar unos minutos por el entorno del Mirador, asomarse al circo glaciar de Áliva y bajar en el siguiente turno. En agosto y fines de semana de temporada alta, las colas en la estación inferior pueden cambiar el plan del día; conviene comprar con antelación o reservar para entre semana. El teleférico también cierra por viento fuerte o niebla baja en la estación superior, así que si el plan de la jornada depende de la subida, conviene revisar el parte meteorológico antes de salir. En temporada alta, coordinar teleférico, aparcamiento y tiempos de comida ocupa más energía de la que parece sobre el papel; para quien prefiera evitar esa logística, en buendía operamos también una excursión específica con tiempo libre en Fuente Dé y Potes, de menor exigencia física. 

Potes fachadas

La tercera forma es la villa sola: hora y media en Potes, fotos en los puentes, comida con queso y orujo, y vuelta. Plan corto, válido si Potes es parada de un itinerario cántabro mayor —Comillas, Santillana del Mar y Potes en tres días, por ejemplo—, insuficiente para entender el lugar. Quien busque únicamente una parada rápida para hacer fotos probablemente saque más partido a villas costeras como Santillana o Comillas: Liébana recompensa más al viajero dispuesto a dedicarle tiempo y desplazamientos. 

queso picón tresviso

El queso Picón Bejes-Tresviso y el orujo: lo que conserva un valle cerrado 

La geología y el aislamiento producen en Liébana dos denominaciones que no existen en ningún otro lugar del macizo. La primera es el Picón Bejes-Tresviso, queso azul con Denominación de Origen Protegida desde 1994, elaborado con leche cruda de vaca, oveja o cabra —o mezcla de las tres— y madurado al menos dos meses en cuevas calizas naturales con temperatura próxima a nueve grados y humedad cercana al noventa por ciento. 

Conviene distinguir Picón Bejes-Tresviso de Cabrales. Comparten familia —quesos azules del macizo de Picos de Europa— pero pertenecen a vertientes y denominaciones distintas: Cabrales en la cara norte (asturiana) del macizo central; Picón Bejes-Tresviso en la cara sur (cántabra), elaborado en siete municipios de Liébana más el de Peñarrubia. En Liébana, si aparece queso azul en carta, normalmente será Picón. 

La segunda denominación es el orujo de Liébana, con Indicación Geográfica Protegida. La destilación arranca, según la tradición, en los monjes de Santo Toribio, que aprovechaban los hollejos de la uva como parte de su sabiduría boticaria. El aguardiente se sigue elaborando en alquitara de cobre, en proceso lento que se mide en horas. La Fiesta del Orujo, declarada de Interés Turístico Regional en 2002, se celebra el segundo fin de semana de noviembre en el casco de Potes: los destiladores instalan sus alambiques en la calle, encienden el fuego, y la villa pasa el sábado entero respirando vapor de cobre. El reconocimiento mayor del año, la Alquitara de Oro, premia a la mejor marca lebaniega. 

Quien come en Potes encontrará cocido lebaniego, Picón con membrillo y un destilado —blanco, envejecido o aromatizado con hierbas— como cierre razonable de la sobremesa. Las casas de comida tradicionales se concentran en torno a la plaza del Capitán Palacios y a las calles del barrio del Sol. En fines de semana y puentes conviene reservar mesa: la rotación es lenta y muchos restaurantes trabajan completos entre las dos y las cuatro de la tarde. 

Potes funciona mejor cuando se recorre con un plan claro: las distancias parecen pequeñas sobre el mapa, pero entre desfiladeros, paradas y tiempos muertos el orden de la jornada cambia mucho la experiencia del día. 

Qué incluye una excursión típica a Potes desde Santander 

Una jornada estándar desde Santander combina cuatro paradas en el orden que las distancias permiten. Sale por la mañana hacia Mogrovejo —algo menos de dos horas por carretera, atravesando el desfiladero de La Hermida—, donde la visita al pueblo y a su entorno ocupa entre cuarenta y cinco minutos y una hora. De allí baja al monasterio de Santo Toribio, a unos veinte minutos, suficientes para recorrer iglesia, claustro y Puerta del Perdón. La parada en Potes coincide con la franja de comida: dos o tres horas para almorzar y recorrer el casco entre el barrio del Sol y la Solana. Antes del regreso, parada en San Vicente de la Barquera para ver el castillo, las marismas y el puente de la Maza. Vuelta a Santander a media tarde o primera hora de la noche. 

Para quien prefiera el plan con teleférico, la combinación cambia: menos paradas patrimoniales y más tiempo arriba en Fuente Dé. En ambos casos, lo que se gana al no conducir es tiempo de visita real: la N-621 obliga a una conducción atenta y deja al pasajero la oportunidad de ver el desfiladero entero. 

Ermita San Miguel

Preguntas frecuentes sobre Potes

¿Cuántos días necesito para ver bien Potes y Liébana? 

El casco de Potes se recorre rápido, pero normalmente tiene más sentido combinarlo con otros puntos de la comarca. En una jornada bien organizada caben Potes, Santo Toribio y otro punto fuerte de Liébana —Mogrovejo o San Vicente de la Barquera, según el plan—; si además se quiere subir a Fuente Dé con calma o recorrer el Camino Lebaniego por etapas, ahí sí empieza a tener sentido dormir en la comarca. 

¿Cómo se llega a Potes en coche desde Santander? 

La ruta natural es la A-8 hasta Unquera y, desde allí, la N-621 a través del desfiladero de La Hermida. Son algo más de cien kilómetros y, sin retenciones, menos de dos horas. La N-621 es sinuosa y estrecha en algunos tramos: se rueda despacio y se gana en paisaje. No hay alternativa razonable: el desfiladero es el único corredor de acceso desde la costa cántabra. 

¿Y desde Bilbao u Oviedo? 

Desde Bilbao se circula por la A-8 hacia el oeste, salida en Unquera y N-621 hasta Potes. El trayecto rondará las tres horas en condiciones normales. Desde Oviedo se accede por la A-8 hacia el este, hasta Panes (Asturias), y de allí por la N-621 hacia el sur. Algo más de dos horas. En cualquier caso, el último tramo siempre es el desfiladero de La Hermida. Buendía también ofrece excursión desde Oviedo a Potes y Picos de Europa

¿Hay autobús a Potes desde Santander? 

Sí, opera la empresa Autobuses Palomera con servicio regular durante todo el año desde la estación de autobuses de Santander, con paradas intermedias en Torrelavega, San Vicente de la Barquera y Unquera. El trayecto dura alrededor de dos horas y media. Conviene consultar horarios actualizados antes de viajar, sobre todo en temporada baja. 

¿Dónde se aparca en Potes? 

El casco es peatonal en su mayor parte. Las bolsas de aparcamiento principales son la plaza del Capitán Palacios y la plaza de la Serna, ambas en los bordes del casco antiguo y a pocos minutos a pie del centro. En lunes de mercado y fines de semana de verano se llenan temprano: conviene llegar antes de las diez de la mañana o pasar a un aparcamiento periférico señalizado a la entrada de la villa. 

¿Cuál es la mejor época para visitar Potes y Liébana? 

Mayo, junio, primera mitad de septiembre y octubre ofrecen las mejores condiciones: tiempo estable, vegetación en máximo, menos presión turística y aparcamiento accesible. Agosto es viable pero con casco lleno, restaurantes con espera y colas en el teleférico de Fuente Dé que pueden cambiar el plan del día. La primera quincena de noviembre coincide con la Fiesta del Orujo, fin de semana muy concurrido pero único para ver alquitaras encendidas en la calle. 

¿Sabe igual el Picón Bejes-Tresviso que el Cabrales? 

No. Aunque pertenecen a la misma familia (quesos azules madurados en cueva), el Picón tiende a ser algo más cremoso y de aroma más suave, con punta picante moderada. El Cabrales es habitualmente más intenso y compacto. La razón está en las mezclas de leche, los tiempos de curación y las cuevas concretas: cada cueva imprime un perfil distinto. En la mesa, el Picón marida bien con membrillo, miel o un orujo blanco; el Cabrales pide vinos más estructurados o sidra fría. 

¿Tiene sentido visitar Potes en invierno? 

Sí, sobre todo si lo que se busca es ver el casco sin masificación. Potes está a 291 metros de altitud y mantiene temperaturas más suaves que las cumbres del macizo. El teleférico de Fuente Dé sigue operativo buena parte del invierno, sujeto a cierres puntuales por viento o niebla. Conviene tener en cuenta que el desfiladero de La Hermida puede tener nieve o hielo tras nevadas fuertes, y que algunos restaurantes y alojamientos reducen horarios entre semana fuera de temporada. 

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