La excursión a los castillos de Glamis y Dunnottar desde Edimburgo junta en una sola jornada las dos caras del castillo escocés, una fortaleza en ruinas asomada al mar del Norte y un palacio que sigue habitado por la misma familia desde el siglo XIV. Están lejos el uno del otro y lejos de cualquier estación, así que el recorrido ocupa unas diez horas hacia el noreste, en minivan o autocar, con guía en español y salida desde la Royal Mile.
Dunnottar, la fortaleza del acantilado
La ruta deja Edimburgo, cruza el estuario del Forth a la altura de los pueblos pesqueros de North y South Queensferry y sube por la costa hasta Dunnottar. El castillo ocupa un promontorio de roca casi despegado de tierra firme, con el mar del Norte rompiendo abajo por tres lados, y desde el borde se entiende por qué se fortificó exactamente ahí. Fue posición clave en las Guerras de Independencia de los siglos XIII y XIV. En 1652 guardó la corona, el cetro y la espada de Escocia mientras las tropas de Cromwell asediaban la roca, hasta que las tres piezas salieron escondidas de aquí. La parada dura hora y cuarto. La entrada al recinto se saca en la taquilla. Quien prefiera no entrar se queda con la silueta que ha llevado a Dunnottar al cine tantas veces.
Stonehaven, el puerto de las casas de colores
A un cuarto de hora del castillo está Stonehaven, un pueblo de pescadores con un puerto todavía en activo y las fachadas pintadas asomando al muelle. Aquí el grupo se detiene cerca de una hora para comer y para dar una vuelta por el pueblo. Es también la parada que crece cuando el viento no permite acercarse a Dunnottar.
Glamis, donde Shakespeare puso a Macbeth
Después la ruta gira tierra adentro, hacia el valle de Strathmore, y llega a Glamis. Este castillo sigue en uso, con sus torretas y su gótico victoriano sobre capas de varios siglos, en manos de la misma familia desde 1372. Shakespeare hizo a Macbeth barón de Glamis y situó en estas paredes el asesinato del rey Duncan. De ahí le viene su fama de intrigas y de fantasmas. La parada dura dos horas. La entrada se compra en la taquilla y da acceso al castillo y a sus jardines, así que conviene llevar tarjeta o algo de efectivo.
Dundee, el Discovery y el regreso por el Tay
El camino de vuelta bordea el río Tay y para media hora en Dundee, ciudad del diseño y de la tecnología. Junto al agua está amarrado el RRS Discovery, el barco que llevó al capitán Robert Falcon Scott a su primera expedición antártica. Se construyó en 1901 en los astilleros de la propia ciudad. El último tramo hacia Edimburgo atraviesa Silicon Glen, el corredor donde se concentra la industria tecnológica escocesa.
Punto de encuentro y cómo llegar
El grupo se reúne en el número 190 de High Street, en plena Royal Mile, a pocos metros de la catedral de St Giles y a la altura del callejón Old Fishmarket Close. Está en el casco viejo, así que se llega andando desde casi cualquier punto del centro. Conviene aparecer con unos minutos de margen, porque la salida es puntual. El regreso deja al grupo en el centro de Edimburgo.
Un día resuelto de principio a fin
La jornada ronda las diez horas contando los trayectos, y lleva dentro el vehículo y el guía en español durante todo el día. Las entradas a los dos castillos se pagan en el sitio. En la parada de Stonehaven, la comida va por cuenta de cada uno. La cancelación es gratuita hasta 24 horas antes, la fecha se elige al reservar y nuestra atención al viajero responde los 365 días del año. Ve con calzado cómodo. La excursión no está adaptada a sillas de ruedas ni a personas con problemas de movilidad. Tampoco admite mascotas.