¿Sabías qué?
Antes de convertirse en el icono eterno que hoy conocemos, el Coliseo Romano tenía zonas cubiertas con enormes toldos de tela llamados velarium. Eran manejados por marineros de la flota imperial, expertos en nudos y cuerdas. En días de calor, el anfiteatro podía quedar parcialmente a la sombra, algo impensable hoy, cuando el sol romano cae sin misericordia sobre la arena.
