La visita guiada al Castillo de Edimburgo entra en la ciudadela con un guía local en español y ordena en hora y media los siglos de asedios y coronaciones que ha visto la fortaleza. El recorrido empieza en la Royal Mile, sube por la explanada y continúa dentro de las murallas, edificio por edificio, desde la capilla más antigua de Edimburgo hasta el palacio donde nació un rey. Cuando el guía se despide, te quedas dentro del recinto, así que el castillo sigue siendo tuyo hasta la hora de cierre.
Castle Rock, la roca que eligió el sitio
El castillo no está en alto por gusto. Se levanta sobre Castle Rock, el tapón de un volcán extinto que el hielo dejó en pie mientras arrasaba el terreno de alrededor. De ahí le vienen a la roca los tres lados de acantilado y el único flanco por el que se puede subir. Ese flanco es la explanada por la que vas a entrar. Desde arriba se ve el casco antiguo entero, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La explanada y el Royal Military Tattoo
La explanada es la antesala del castillo y también su escenario. Cada agosto se monta aquí la grada del Royal Military Tattoo, el desfile de bandas militares que llena las noches del festival, y el resto del año queda como una plaza abierta con la ciudad a los pies. Ahí es donde el guía hace la introducción histórica antes de cruzar la puerta, con los orígenes de la fortaleza y los asedios que aguantó.
Dentro de la ciudadela, edificio por edificio
El Castillo de Edimburgo es más una ciudadela que un castillo, con más de veinte edificios repartidos en varios niveles. El recorrido guiado va por dentro del recinto y el guía te planta delante de cada uno para contarte qué es y qué guarda, con las paradas que fijan las autoridades del castillo. En la parte más alta está la Capilla de Santa Margarita, de alrededor de 1130, el edificio más antiguo que sigue en pie en Edimburgo. En la Plaza de la Corona se juntan el Monumento Nacional a los Caídos de Escocia, el Gran Salón del siglo XVI donde la corte celebraba sus banquetes y el Palacio Real en el que nació Jacobo VI, hijo de María Estuardo. Por medio quedan los tres museos, las dos prisiones militares con los grafitis que dejaron los presos y el pequeño cementerio de perros de la guarnición.
Los edificios se ven por fuera durante la visita guiada y se entra en ellos después, por tu cuenta y sin prisa. Dentro del Palacio Real está la Sala de la Corona, donde se exponen los Honores de Escocia, las joyas de la corona más antiguas de Gran Bretaña. La corona la estrenó Jacobo V en 1540.
Punto de encuentro y cómo llegar
La cita es en la Royal Mile, en el 351 de High Street, justo delante de la catedral de St Giles y a la altura del callejón de Advocates Close. El guía espera con un paraguas negro, fácil de localizar entre el gentío. El castillo sigue siendo una base militar en activo y las visitas no pueden arrancar en la explanada, así que desde el punto de encuentro se sube andando, unos cinco minutos en cuesta por la Royal Mile. Conviene llegar con algo de antelación, porque el grupo se pone en marcha a pie. La visita guiada termina dentro del castillo, así que la bajada la haces cuando te apetezca.
Qué llevas contratado
En una sola reserva va la hora y media de visita guiada por el interior del recinto con guía local en español. La entrada al castillo la cobra Historic Environment Scotland y en tu reserva figura como opcional, así que comprueba antes de subir si la llevas incluida. Sin ella no se puede acceder con el grupo. La cancelación es gratuita hasta 24 horas antes, y detrás está nuestra atención al viajero los 365 días del año.
La subida es corta pero en cuesta. El recinto se recorre en varios niveles, con adoquín y escalones. Por eso la visita no está pensada para personas de movilidad reducida ni para sillas de ruedas, y tampoco admite carritos de bebé. Casi todo el recorrido va al aire libre, de modo que mejor chubasquero que paraguas. Se admiten mochilas de hasta 30 litros. No se permiten mascotas ni drones.