Filtrar
Qué ver en Damme: el puerto medieval de Brujas que se quedó sin mar
- La Markt, el ayuntamiento gótico y la estatua de Maerlant
- La iglesia de Nuestra Señora: una nave a medio derribar y 206 peldaños
- El antepuerto de Brujas: el vino, una flota y el mar que se retiró
-
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Damme
- ¿Cómo se llega a Damme desde Brujas?
- ¿Se puede ver Damme y Brujas el mismo día?
- ¿Cuál es la mejor época para visitar Damme?
- ¿Merece la pena Damme si ya tengo previsto Brujas?
- ¿Por qué quedan tan pocos restos del puerto si Damme fue tan importante?
- ¿Qué fue la batalla de Damme de 1213?
- ¿La excursión de buendía a Brujas para en Damme?
La iglesia de Damme es demasiado grande para el pueblo que la rodea. Le falta media nave, derribada hace siglos porque la villa empobrecida ya no podía mantenerla, y los muros que quedaron sueltos sobre la hierba marcan el tamaño que tuvo. Esa desproporción es, en el fondo, qué ver en Damme: el tamaño de un puerto de Brujas que acabó tierra adentro cuando el Zwin, el brazo de mar que lo hizo rico, se cegó de limo hacia 1500.
La Markt, el ayuntamiento gótico y la estatua de Maerlant

El centro de Damme es una plaza, la Markt, presidida por un ayuntamiento gótico que se terminó hacia 1468, con torre, hornacinas y estatuas en la fachada. Para un municipio agrícola de unos pocos miles de habitantes resulta un edificio desproporcionado, salido de los años en que la villa todavía cobraba aranceles a buena parte del comercio del norte de Europa.
Delante, en bronce, está Jacob van Maerlant, el poeta que en el siglo XIII escribió aquí la obra que lo convirtió en padre de la poesía en neerlandés. Que un pueblo de este tamaño tenga plaza mayor de ciudad rica y poeta nacional propio es la primera pista de que Damme jugó en otra liga. El casco histórico de Damme se camina entero en un rato; lo que cuesta de ver es la escala a la que fue pensado.
La iglesia de Nuestra Señora: una nave a medio derribar y 206 peldaños

La iglesia de Nuestra Señora reúne la historia entera en un solo edificio. Lo que hoy se visita es media iglesia. Cuando la villa perdió el tráfico y el dinero, tiró abajo la nave central y la aguja, y conservó solo el crucero y la torre. Esos arcos truncados al aire libre, con hierba creciendo debajo, son la medida exacta de lo que Damme dejó de ser.
Subir los 206 peldaños de la torre, achatada y maciza y abierta de abril a septiembre, enseña por qué importa el detalle. Desde arriba, Damme aparece entera. Una línea de agua sale recta hacia el horizonte, el caserío se aprieta en un puñado de calles y, alrededor, el campo guarda el contorno quebrado de una fortaleza con forma de estrella. A pie de calle esa figura pasa inadvertida. Hace falta ganar altura para descubrir que Damme es, vista desde el aire, un dibujo.

El antepuerto de Brujas: el vino, una flota y el mar que se retiró
Brujas se había quedado sin salida directa al mar, y el Zwin se la devolvió. Felipe de Alsacia, conde de Flandes, dio a Damme derechos de ciudad en 1180, y en la boca de aquel brazo la localidad funcionó como su aduana flotante. Por aquí entraban el vino de Burdeos, el arenque y la lana, y aquí se transbordaba y se gravaba la mercancía antes de seguir por una vía interior hasta la ciudad. El Zwin movía tanto dinero que lo apodaban el brazo de oro.
La envergadura del puerto se mide bien en dos fechas. En 1213, una flota inglesa sorprendió frente a Damme a una armada francesa de invasión fondeada con las tripulaciones en tierra, y capturó unos trescientos barcos. En 1468, Carlos el Temerario, duque de Borgoña, se casó en Damme con Margarita de York, hermana del rey de Inglaterra, antes de la entrada solemne en Brujas.

Luego el mar empezó a marcharse. Desde finales del siglo XIII el Zwin se fue cegando de limo, y hacia 1500 dejó de ser navegable. Brujas perdió su acceso al mar y Damme, su razón de existir. La población se vació durante generaciones y se quedó con los edificios de cuando fue grande. Brujas conserva hoy el escaparate hanseático que tanta gente va a ver; Damme era la trastienda por la que esa riqueza pasaba primero.
El canal recto de Napoleón y la estrella de siete puntas
Sin mar que llegara, Damme se redibujó dos veces sobre el pólder. La primera, en plena Guerra de los Ochenta Años. Entre 1615 y 1620, los españoles arrasaron las murallas medievales y rodearon Damme con una fortaleza abaluartada de siete puntas, del tipo que se proyectaba contra la artillería moderna. El asalto temido no llegó nunca por aquí, pero la figura se quedó clavada en el terreno; ese contorno todavía se reconoce en las hileras de chopos, en los tramos de foso y en las líneas del parcelario agrícola.

La segunda reescritura la trajo Napoleón. Hacia 1810 mandó excavar el Damse Vaart, un canal recto de unos quince kilómetros que une Brujas con Sluis, ya en los Países Bajos, cruzando Damme por el medio. No nació para el comercio: servía para mover tropas y suministros por el interior, lejos de la armada británica que dominaba la costa. Dos siglos después, ese trazo de agua flanqueado por dos hileras de chopos es la imagen que casi todo el mundo asocia al lugar, y la forma más bonita de llegar a Damme desde Brujas, a bordo del viejo barco Lamme Goedzak que lo recorre a paso lento entre los campos.
Cómo ver Damme en una mañana, antes de Brujas
El casco se recorre a pie en una hora u hora y media. Desde la Markt, con el ayuntamiento y Maerlant, se planta uno en pocos minutos en la iglesia de Nuestra Señora y su torre; cerca quedan el antiguo hospital de San Juan, hoy museo, y De Grote Sterre, una mansión del siglo XV que aloja el museo de Tijl Uilenspiegel, el personaje que el escritor Charles de Coster hizo nacer aquí en su novela de 1867. Entre unos edificios y otros, las librerías de viejo que hicieron de Damme pueblo del libro desde 1997, con una feria que es, a su manera, heredera del poeta de la plaza.
Qué ver en Damme en un día da, sin prisa, para todo eso y para caminar o pedalear un tramo del Damse Vaart hacia Sluis; en medio día se ve Damme con calma, torre incluida. La temporada manda en una cosa: la torre cierra de octubre a marzo, de modo que la panorámica de la estrella y el pólder solo está al alcance en los meses templados, y conviene tenerlo en cuenta al planear la parada.
El problema es que casi nadie se detiene. Las excursiones de un día desde Bruselas o Brujas suelen ir directas a Brujas, a veces con parada en Gante, y dejan Damme fuera; y plantarse aquí por cuenta propia desde Bruselas, sin coche, sale incómodo. A eso se suma que, sin alguien que cuente el pasado portuario, Damme se reduce a fachadas de ladrillo rojo y un cauce fotogénico, sin el motivo de fondo.
buendía es el único operador que baja del autobús en Damme en lugar de pasarla de largo camino de Brujas. Esa excursión a Brujas y Damme hace parada allí, con tiempo para recorrer el casco a pie y la referencia justa para no quedarse en la fachada de ladrillo; el paseo en barca de la jornada llega después, ya por los canales de Brujas. La parada ocupa una hora corta, no alarga la jornada y prepara la visita a Brujas, la ciudad que aquella riqueza acabó levantando.
Damme cabe hoy entera dentro de la estrella que la blindó contra un asalto que no llegó, y el canal de Napoleón sale de ella tan recto como entra, camino de una frontera de pólder. Las medidas siguen siendo las de un puerto de mar; el mar es lo que queda lejos, varios kilómetros tierra adentro, pasados los campos.
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Damme
¿Cómo se llega a Damme desde Brujas?
Damme está a unos siete kilómetros de Brujas, río arriba por el canal. La forma clásica es en bicicleta por el carril que sigue la orilla, llano y directo; en temporada templada navega también el barco Lamme Goedzak entre las dos localidades. En coche es un trayecto corto, y hay aparcamiento a las afueras del casco.
¿Se puede ver Damme y Brujas el mismo día?
Sí, y es lo óptimo por la cercanía. El casco de Damme pide media mañana sin agobios; deja el resto de la jornada para Brujas, que necesita bastante más tiempo. Quien lo monta al revés, con Damme primero, llega a Brujas con el contexto del antepuerto ya visto.
¿Cuál es la mejor época para visitar Damme?
De abril a septiembre, por dos motivos prácticos: es cuando abre la torre de la iglesia para subir, y cuando los chopos del canal están en hoja y la ruta en bici hacia Sluis luce más. Fuera de esos meses el pueblo sigue siendo visitable, pero sin panorámica desde la torre.
¿Merece la pena Damme si ya tengo previsto Brujas?
Depende de lo que busques. Si quieres entender por qué Brujas fue tan rica, Damme lo explica mejor que cualquier museo: era el puerto por el que entraba la mercancía. Y ofrece la misma historia flamenca a escala de pueblo, sin las multitudes del casco de Brujas.
¿Por qué quedan tan pocos restos del puerto si Damme fue tan importante?
Porque el mar se retiró. Cuando el brazo del Zwin se cegó de sedimentos, la zona de muelles quedó tierra adentro y acabó bajo los campos de pólder que hoy rodean el pueblo. Lo que mide la antigua importancia de Damme no son los muelles, sino el tamaño de sus edificios.
¿Qué fue la batalla de Damme de 1213?
Un choque naval del conflicto entre Inglaterra y Francia: una flota inglesa sorprendió frente al puerto a una gran armada francesa de invasión que estaba fondeada con sus tripulaciones en tierra, y capturó o incendió varios cientos de barcos. Que un episodio así ocurriera aquí da idea del volumen que movía el fondeadero.
¿La excursión de buendía a Brujas para en Damme?
Sí. La excursión sale desde Bruselas e incluye una parada guiada en Damme antes de la jornada en Brujas, con tiempo libre para recorrer el casco. El paseo en barca del plan es por los canales de Brujas, no por el canal de Damme.