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Qué ver en Tabarca en un día: el pueblo amurallado y la primera reserva marina de España

por Pablo San Román | Chief Brand Officer | buendía
3 de junio de 2026 · Lo lees en 10 minutos
Isla de Tabarca

Los archivos militares españoles guardan una colección de dibujos a tinta y aguada, fechados entre 1769 y 1779, con un pueblo de calles rectas, manzanas idénticas y cisternas escondidas bajo las plazas. Cuando el ingeniero Fernando Méndez de Ras los pintó, ese pueblo no existía y la isla ni siquiera se llamaba Tabarca. La respuesta a qué ver en Tabarca sale de esa rareza: casi todo lo que vale la pena en la única isla habitada de la Comunitat Valenciana responde a un plan previo, el del pueblo trazado en el XVIII y el de la primera reserva marina de España, declarada en 1986. Un encargo en piedra y otro bajo el agua; la visita consiste en recorrer los dos. 

Un pueblo trazado con regla: el recinto amurallado a pie  

Desde la cubierta del barco, lo primero que asoma es un lienzo de muralla con alguna garita superviviente en los ángulos, plantado sobre la roca casi a ras de mar. El recinto amurallado de Tabarca conserva sus tres puertas del XVIII, cada una bajo un arcángel: San Miguel al norte, junto al puerto; San Rafael a levante, hacia el campo; San Gabriel a poniente, frente al islote de la Cantera, que dio nombre y sillares a las obras. Méndez de Ras lo concibió como plaza fuerte contra la piratería berberisca y lo resolvió con manual de tratado: baluartes de ángulos abiertos, camino de ronda y bóvedas interiores que hacían de contrafuertes, almacén y cuartel a la vez. 

Bajo el arco de San Rafael, la calle d'En Mig corre recta hasta la puerta opuesta y ensarta las tres plazas del proyecto: Conde de Aranda, la Mayor o Carolina y Baillencourt. Debajo de cada una, una cisterna para recoger el agua de lluvia; en la Carolina, el brocal sigue a la vista. Las calles miden seis y cuatro metros según su rango, las manzanas repiten el mismo rectángulo de casas adosadas, y el eje menor remata en la iglesia de San Pedro y San Pablo, en pie desde 1774, con pavimento de piedra de la Cantera y cerchas que aprovecharon mástiles de navío. Todo el conjunto está declarado Histórico-Artístico desde 1964. De una puerta a la opuesta hay unos diez minutos de paso tranquilo; con las plazas, la iglesia y la muralla por dentro, una hora bien empleada. 

Una colonia por decreto: del peñón tunecino a los apellidos genoveses  

El padrón de Tabarca todavía delata el origen: apellidos de raíz genovesa en una isla alicantina. Sus portadores descienden de las familias ligures asentadas desde el siglo XVI en el peñón tunecino de Tabarka, cautivas desde 1741, cuando la plaza cayó en manos del bey de Túnez. Carlos III pagó su rescate, los liberados desembarcaron en Alicante el 19 de marzo de 1769 y en 1770 ocuparon las primeras casas terminadas de la isla, rebautizada Nueva Tabarca en memoria del peñón perdido. El decreto traía dote: exención de quintas y de impuestos para arraigar a una población que tenía que nacer de cero. 

El encargo, sin embargo, era más grande que la vida que cupo en él. Los dibujos preveían hasta 550 casas y unos tres mil vecinos; las obras levantaron alrededor de 132 viviendas. En 1779 el ingeniero Gaspar Bernardo de Lara dejó escrito que la naturaleza había negado a aquella roca la leña, la tierra fértil y el agua potable, y las cisternas esperaron siempre una lluvia que casi nunca llegó. 

Hacia 1800 quedaban unos cien habitantes de los trescientos iniciales. El censo actual ronda los 49 vecinos, frente a los miles de visitantes que desembarcan cada día de verano. 

El campo: la mitad agrícola que acabó siendo de los Pescadores  

La medida de aquel desajuste empieza pasada la puerta de San Rafael: el caserío termina en seco y arranca una franja llana de matorral, senderos y calas que los tabarquinos llaman el campo. En los dibujos del XVIII esa mitad oriental estaba reservada a huertas, norias y molinos que nunca llegaron a construirse: sin agua dulce no hubo agricultura posible. La ocupó la pesca. Desde marzo de 1770, casi a la vez que las primeras casas, los tabarquinos calaron cada temporada la almadraba de los Farallones frente al islote de La Galera, un arte de redes fijas que cerraba el paso a los atunes. Funcionó por concesión —del gremio alicantino de San Jaime primero, de empresarios después— hasta los años sesenta del siglo XX. 

De aquella industria queda en pie su almacén, convertido desde 2004 en el Museo Nueva Tabarca. Lo escoltan la Torre de San José, fortín de finales del XVIII que fue prisión carlista y cuartel de la Guardia Civil, y el faro del extremo oriental, proyectado por Agustín Elcoro y encendido por primera vez el 1 de junio de 1854. La punta del faro queda a una media hora andando desde el puerto, sin una sola cuesta. Tampoco hay apenas sombra en todo el trayecto: en verano, el agua y la gorra importan aquí más que el calzado. Y de aquellas barcas queda el plato: el caldero tabarquino nació a bordo, con el pescado de roca hervido primero y el arroz cocido después en el mismo caldo con ñora y ajo. Los restaurantes del núcleo lo sirven aún en dos tiempos, como entonces. 

La primera reserva marina de España 

Posidonia Tabarca

En las calas del campo, el mar amontona en la orilla paquetes de hojas pardas que muchos visitantes toman por abandono. Es posidonia seca, y esos arribazones delatan una pradera viva: la posidonia oceánica rodea el perímetro entero entre la superficie y los 30 metros de fondo, fija el sedimento, oxigena y filtra, y gracias a ella la luz baja aquí entre 22 y 47 metros según la ficha oficial de la reserva. De esa claridad vive todo lo demás: meros, sargos, doradas y morenas en densidades raras en el litoral alicantino, y la afición al snorkel que ha convertido la isla de Tabarca en un clásico del buceo ligero: la pradera y los peces quedan a la vista a pocos metros del borde. 

La Universidad de Alicante documentó con un estudio el estado del fondo y la Orden de 4 de abril de 1986 convirtió estas 1.400 hectáreas de mar en la primera reserva marina de interés pesquero declarada en España. Lo que el bañista mira flotando con un tubo dentro de la reserva marina de Tabarca es patrimonio regulado, con la pesca tasada por la misma norma que lo protege. 

Tabarca en un día: el barco, el recorrido y el baño 

En Tabarca no hay coches: la visita entera, del puerto al faro, va a pie. El peso del plan está en llegar: el único camino es el mar, y el barco, el aparcamiento y el horario de vuelta deciden más que cualquier lista de monumentos. La travesía corta sale del puerto de Santa Pola (alrededor de un cuarto de hora en barco rápido, algo más en catamarán) y en temporada zarpan también líneas desde Alicante, Torrevieja, Guardamar y Benidorm; elegir cómo llegar a Tabarca desde Santa Pola o desde Alicante depende sobre todo de dónde duermas. Para decidir qué ver y qué hacer en Tabarca en un día, la cuenta es corta: una hora larga para el recinto, mesa para el caldero, baño en la playa o en las calas, y el paseo al faro si queda tarde por delante. Salvo que te quedes a dormir, esa jornada basta: Tabarca funciona mejor como excursión de un día que como destino de varias noches. En verano compensa invertir el reflejo habitual: primero el recinto, después el baño, porque las horas centrales concentran a los visitantes junto al puerto y la playa principal. 

cuevas tabarca

El baño tiene criterio propio. De las playas y calas de Tabarca, la principal, pegada al caserío, es la de arena y los servicios; las del campo son de roca y tienen la pradera a pocos metros: la primera para quedarse, las segundas para mirar el fondo. Conviene llevar escarpines y, en pleno verano, reservar con antelación tanto la mesa del caldero como la travesía: en agosto bajan a tierra varios miles de personas al día, y la temporada media (de mayo a junio, de septiembre a octubre) reparte el mismo plan con más holgura. 

Montar la jornada por libre exige encajar piezas: coche hasta Santa Pola, hueco para aparcar cerca del puerto en plena temporada, billetes de ida y vuelta y el horario del último barco cerrando el plan. buendía opera ese encaje completo desde Torrevieja y desde Alicante: excursión con travesía en catamarán tradicional (la tabarkera), guía propio que pone autor y fecha al recinto, y transporte resuelto de principio a fin, con la Laguna Rosa de Torrevieja y una parada en Santa Pola dentro de la misma jornada. El barco y la entrada a la laguna van incluidos; el caldero corre de tu cuenta. 

En la plaza de la Carolina, el brocal de la cisterna sigue exactamente donde Méndez de Ras lo dibujó para un pueblo de tres mil vecinos que nunca llegó. Doscientos metros a levante, pasada la puerta de San Rafael, empieza el agua que la Orden de 1986 puso bajo custodia. 

Sunset tabarca

Preguntas frecuentes sobre qué ver en Tabarca 

¿Dónde se aparca para coger el barco a Tabarca? 

En Santa Pola, en los aparcamientos y zonas reguladas del entorno del puerto, que en pleno verano agotan plazas a media mañana. Llega con margen sobre la hora del barco o, si prefieres evitar el coche, valora una excursión organizada con transporte incluido. 

¿Hace falta el día entero o basta con medio día? 

Con la travesía corta desde Santa Pola, medio día cubre el recinto amurallado y un baño. El día completo añade el paseo al faro, el museo y la sobremesa del caldero. La hora del último barco de vuelta cambia según la temporada: compruébala con la naviera al planificar. 

¿Dónde es mejor el snorkel y qué equipo conviene llevar? 

En las calas rocosas de la mitad oriental, donde la pradera de posidonia queda a pocos metros de la orilla. Bastan gafas, tubo y escarpines para la roca, y las condiciones suelen ser mejores a primera hora, con menos viento y menos tráfico de embarcaciones. Dentro de la reserva está prohibido extraer flora o fauna. 

¿El barco a Tabarca funciona todo el año? 

Santa Pola mantiene servicio la mayor parte del año; el resto de líneas son estacionales. Con temporal marítimo las navieras suspenden la travesía y reprograman la salida o devuelven el billete; en temporada baja, confirma salidas antes de desplazarte. 

¿Se puede dormir en Tabarca? 

Sí, aunque la oferta es muy reducida: unos pocos alojamientos dentro del recinto y junto a la playa. En temporada alta exigen reserva con mucha antelación; el resto del año amplían margen, pero conviene cerrar plaza antes de comprar el billete del barco. 

¿El Museo Nueva Tabarca está abierto y cuánto cuesta entrar? 

Ocupa el antiguo almacén de la almadraba, en la mitad oriental, y la entrada es gratuita. El horario varía por temporada; antes de cruzar, consulta la página de equipamientos del Ayuntamiento de Alicante, del que depende la isla. 

¿Es una visita apta para movilidad reducida o carrito de bebé? 

Complicada. El embarque, el adoquinado del recinto y los senderos de tierra del campo dificultan sillas y carros, y muchas excursiones organizadas los excluyen por ese motivo. Para visitas con movilidad reducida, confirma condiciones con la naviera antes de reservar. 

 

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