Hay tres Escocias que no se parecen en nada y caben en el mismo día, el pueblo de piedra que hace de puerta a las Tierras Altas, el agua y los bosques del parque nacional de los Trossachs, y la ciudad que los astilleros del Clyde convirtieron en la más grande del país. La excursión a Glasgow y los lagos de Escocia desde Edimburgo las junta en diez horas, con vehículo y guía local en español desde la Royal Mile, tiempo libre en cada parada y regreso a Edimburgo al final del día, sin que nadie se ponga al volante.
Callander, la puerta de los Trossachs
El día sale de Edimburgo rumbo a Callander, un pueblo a orillas del río Teith que lleva más de un siglo haciendo de antesala a las Tierras Altas. Su calle principal, de casas de piedra, tiendas y salones de té, es la última parada urbana antes de que el paisaje cambie. La excursión se detiene aquí un rato para tomar un café y estirar las piernas antes de entrar en el parque nacional.
El lago Katrine, el que se convirtió en literatura
De Callander la ruta entra en el parque nacional del lago Lomond y los Trossachs, donde está el lago Katrine. Es el paisaje que Sir Walter Scott convirtió en 1810 en el poema La dama del lago, y por sus orillas anduvo escondido Rob Roy MacGregor, el proscrito que Escocia recuerda como su Robin Hood. Quien quiera cruzar el lago en barco lo puede contratar y abonar allí mismo, así que conviene llevar tarjeta o efectivo por si apetece. Quien no, tiene el mismo rato para pasear por la orilla.
El lago Lomond desde Balloch
El lago Lomond es el de mayor superficie de toda Gran Bretaña, rodeado de colinas y de bosque, con islas repartidas por su mitad sur. Por aquí pasa además la falla que parte Escocia en dos, el punto donde las Tierras Bajas se acaban y el terreno empieza a levantarse de verdad. La parada es en Balloch, el pueblo de la orilla sur, con tiempo libre para comer sin prisa y para pasear junto al agua antes del último tramo. Lleva calzado cómodo y una capa de ropa adicional porque junto al lago refresca bastante más que en la ciudad.
Glasgow, de la catedral al centro
La última parada del día es Glasgow, y empieza por su edificio más antiguo. La catedral, levantada en su mayor parte en el siglo XIII sobre el lugar donde se enterró a san Mungo, patrón de la ciudad, es de las pocas catedrales medievales de Escocia que salieron casi intactas de la Reforma. La parada es breve, lo justo para verla por fuera y asomarse a la Necrópolis victoriana que corona la colina de al lado. Después la ciudad se recorre en una panorámica en autobús de aproximadamente una hora, que sigue el curso del río Clyde, de donde salieron los astilleros y el dinero victoriano que levantó el centro. Por la ventanilla van apareciendo los edificios que dejó la Exposición Internacional de 1888, el Royal Concert Hall, el pabellón del Hydro y el museo Kelvingrove. Al final hay tiempo libre en el centro, en la zona de calles peatonales y comercios, para callejear o para sentarse a tomar algo hasta la hora de la vuelta.
Punto de encuentro y cómo llegar
La cita es en el número 190 de High Street, en plena Royal Mile de Edimburgo, en la entrada del callejón de Old Fishmarket Close. Se llega andando desde cualquier punto del casco antiguo y desde la estación de Waverley en unos minutos. Al final del día la excursión vuelve a Edimburgo.
Un día resuelto de principio a fin
La cancelación es gratuita hasta 24 horas antes, y como no hay antelación mínima de reserva, la plaza se puede coger el mismo día si queda sitio. Lo que llevas contratado son las diez horas completas, el vehículo, el guía local en español que va con el grupo todo el día y el tiempo libre de cada parada. La comida y la bebida van por cuenta de cada uno, igual que el barco del lago Katrine, que se contrata en el propio embarcadero. Detrás está nuestra atención al viajero los 365 días del año.
El día va casi entero en el vehículo, con paradas cortas a pie, y la excursión está clasificada en el nivel más bajo de dificultad. No admite mascotas.