Hay tres Escocias que no se parecen en nada y caben en el mismo día, el acero contemporáneo de Falkirk, el agua y los bosques del parque nacional de los Trossachs, y la ciudad que los astilleros del Clyde convirtieron en la más grande del país. La excursión a Glasgow, los lagos de Escocia y el parque de los Kelpies desde Edimburgo las junta en diez horas, con vehículo y guía local en español desde la Royal Mile, tiempo libre en cada parada y regreso a Edimburgo al final del día, sin que nadie se ponga al volante.
Los Kelpies, treinta metros de caballo en Falkirk
El día sale de Edimburgo rumbo a los Kelpies, las dos cabezas de caballo que el escultor Andy Scott levantó en Falkirk en 2013. Miden treinta metros y cargan más de trescientas toneladas de acero que no se les notan, porque las placas van montadas como escamas. Un kelpie es el caballo de agua de la mitología escocesa, el que se dejaba montar para arrastrar al jinete al fondo del río. Las dos esculturas homenajean de paso a los caballos de tiro que movieron las barcazas por los canales de la zona hasta que llegó el motor.
El lago Katrine, el que se convirtió en literatura
De Falkirk la ruta gira al oeste y entra en el parque nacional del lago Lomond y los Trossachs, donde está el lago Katrine. Es el paisaje que Sir Walter Scott convirtió en 1810 en el poema La dama del lago, y por sus orillas anduvo escondido Rob Roy MacGregor, el proscrito que Escocia recuerda como su Robin Hood. Quien quiera cruzar el lago en barco lo contrata y lo paga allí mismo, así que conviene llevar tarjeta o efectivo por si apetece. Quien no, tiene el mismo rato para pasear la orilla.
El lago Lomond y la parada para comer
El lago Lomond es el de mayor superficie de toda Gran Bretaña, rodeado de colinas y de bosque, con islas repartidas por su mitad sur. Por aquí pasa además la falla que parte Escocia en dos, el punto donde las Tierras Bajas se acaban y el terreno empieza a levantarse de verdad. La excursión para en un pueblo del parque nacional, con tiempo libre para comer sin prisa y para estirar las piernas antes del último tramo. Lleva calzado cómodo y una capa de ropa de más, porque junto al agua refresca bastante más que en la ciudad.
Glasgow desde el autobús, y luego a tu aire
La última parada del día es Glasgow. La ciudad se recorre primero en un panorámico en autobús de aproximadamente una hora, que sigue el curso del río Clyde, de donde salieron los astilleros y el dinero victoriano que levantó el centro. Por la ventanilla van apareciendo Castle Street, los edificios que dejó la Exposición Internacional de 1888, el Royal Concert Hall, el pabellón del Hydro y el museo Kelvingrove. Después hay tiempo libre en el centro, en la zona de calles peatonales y comercios, para callejear o para sentarse a tomar algo hasta la hora de la vuelta.
Punto de encuentro y cómo llegar
La cita es en el número 190 de High Street, en plena Royal Mile de Edimburgo, en la entrada del callejón de Old Fishmarket Close. Se llega andando desde cualquier punto del casco antiguo y desde la estación de Waverley en unos minutos. Hay una salida de mañana y la hora se elige al reservar. El reloj de Escocia va una hora por detrás del de la península, un desfase que el calendario ya tiene en cuenta. Al final del día la excursión vuelve a Edimburgo.
Un día resuelto de principio a fin
La cancelación es gratuita hasta 24 horas antes, y como no hay antelación mínima de reserva, la plaza se puede coger el mismo día si queda sitio. Lo que llevas contratado son las diez horas completas, el vehículo, el guía local en español que va con el grupo todo el día y el tiempo libre de cada parada. La comida y la bebida van por cuenta de cada uno, igual que el barco del lago Katrine, que se contrata en el propio embarcadero. Detrás está nuestra atención al viajero los 365 días del año.
El día va casi entero en el vehículo, con paradas cortas a pie, y la excursión está clasificada en el nivel más bajo de dificultad. No admite mascotas.