Antes de contar lo que vemos en nuestros autobuses, conviene mirar el contexto. Los precios turísticos subieron con fuerza tras la pandemia. Eurostat registró subidas interanuales superiores al 10 % en los viajes combinados de la UE durante la mayor parte de 2022 y 2023. No es exactamente el coste de una escapada por libre, pero refleja la presión sobre el bolsillo del viajero.
Eso no significa que los españoles hayan dejado de salir. Según el INE, en 2025 sus viajes al extranjero crecieron un 5,2 %, mientras que los nacionales cayeron un 6,1 %, y en el segundo trimestre de 2026 los viajes al extranjero volvieron a crecer un 2 %. Viajar fuera, eso sí, cuesta el doble. En 2025 el gasto medio diario fue de 131 euros en el extranjero y de 66 euros en España. No son viajes equivalentes, pero la diferencia da una idea del esfuerzo.
La clave es quién viaja. Las cifras agregadas no dicen si una familia de clase media puede ir a Londres con la misma frecuencia que antes, o si ha acortado la estancia, reservado con más antelación o cambiado de destino. Ahí es donde lo que vivimos cada día en nuestras excursiones aporta otra mirada.