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Qué ver en Mundaka: entre la villa histórica y la ola más famosa del Cantábrico

por Pablo San Román | Chief Brand Officer | buendía
1 de junio de 2026 · Lo lees en 12 minutos

Un sábado de octubre con marea baja a las nueve y media, la plaza Lehendakari Agirre tiene dos colas. Una espera para entrar a la iglesia de Santa María al bautizo de las once. La otra carga tablas hacia el puerto porque el viento sureste va a girar a mediodía y la ola no tendrá más de dos horas seguidas funcionando. Las dos escenas ocurren a pocos minutos una de otra y casi nunca coinciden en el mismo día. Por eso planificar Mundaka empieza por el calendario. 

El Mundaka del verano: fiestas, misa de las once y procesión a Izaro 

Las fechas que mandan en este Mundaka están en el calendario católico-vasco. El 22 de julio, Santa María Magdalena, abre la cita más vieja del lugar: la procesión marítima a la isla de Ízaro conmemora una regata medieval entre Bermeo y Mundaka por la posesión del peñón: el mismo islote donde los franciscanos sostuvieron un convento entre 1422 y 1719 y donde Isabel la Católica desembarcó en septiembre de 1483. Las traineras salen del puerto con autoridades civiles a bordo, arbitra Elantxobe y, ritualmente, gana Bermeo. El puerto se llena. Los chigres no dan abasto. 

Las fiestas patronales de San Pedro, a finales de junio, ocupan parte de la primera semana de julio con actividad en el muelle —pequeño hoy, con actividad pesquera profesional muy reducida desde que la cofradía cerró su edificio gremial— y terrazas que ocupan lo que antes fueron almacenes de aparejos. Las cartas trabajan con anchoa de Bermeo, txangurro y bonito del Cantábrico cuando es temporada; en invierno baja la rotación. Los puentes festivos de agosto y los fines de semana de buen tiempo entre mayo y septiembre saturan el aparcamiento, llenan las terrazas de la plaza Lehendakari Agirre y mueven a los segundos residentes, que duplican o triplican la población empadronada (1.828 personas según el INE a 1 de enero de 2024). 

Mundaka aérea

Este Mundaka tiene tres puntos físicos para mirar. La iglesia de Santa María sobre la atalaya rocosa —templo renacentista reedificado en el siglo XVI tras las luchas banderizas, con la fábrica anterior citada en 1071 cuando la parroquia se donó al monasterio aragonés de San Juan de la Peña— es el ancla litúrgica del año. Detrás del edificio, el mirador de la Atalaya. A cinco minutos a pie del centro, la ermita de Santa Catalina ocupa la punta de la pequeña península que cierra la ensenada por el norte: el edificio actual es de 1879 con elementos góticos y renacentistas sobre cimientos medievales, y a lo largo de los siglos acumuló funciones de puesto de vigilancia contra corsarios, lazareto en epidemias, sede de la hermandad de pescadores y almacén de munición. La protege la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español. El interior abre solo en contadas ocasiones del año: misas votivas en julio y septiembre, fundamentalmente; el resto del tiempo, la visita se hace por fuera. El paseo es corto pero el viento pega mucho más en la punta que en el casco: en otoño e invierno, una prenda extra cambia bastante la experiencia. 

El tercer punto es de otro ciclo económico. El Palacio Larrinaga, en la parte alta, lo levantó en el siglo XIX el naviero Miguel Larrinaga, dueño de Olano & Larrinaga, con catorce barcos atracados en Liverpool: copia en la fachada los hoteles neo-barrocos del Segundo Imperio parisino. Hoy funciona como hotel boutique con cafetería abierta al público,útil cuando llueve, y la subida a Santa Catalina pierde su motivo principal,: las vistas. 

Lo que vertebra este Mundaka es su antigüedad documental. La cita escrita más vieja de una anteiglesia vizcaína es la de Mundaka, en 1051, dentro de la donación del Señorío de Vizcaya al monasterio de San Millán de la Cogolla; en las Juntas Generales del Señorío de Bizkaia, durante siglos, el representante de Mundaka ocupó el asiento y voto número uno. La Crónica de Vizcaya escrita por Lope García de Salazar en el siglo XV justifica ese orden ceremonial con la leyenda de Munda aqua: un navío escocés llega a la costa con una princesa desterrada que encuentra aquí una fuente limpia y nombra el lugar; su hijo, según el relato, será Jaun Zuria, primer Señor mítico de Bizkaia. La etimología tiene poco consenso académico; el peso de esa leyenda en la construcción del imaginario vizcaíno está mucho mejor documentado. 

Mundaka iglesia

El visitante del Mundaka del verano sale de la jornada con la procesión, la iglesia, la ermita por fuera, el palacete y, si tiene suerte, una mesa en el puerto. Cabe en media jornada larga y cae en julio y agosto. 

El Mundaka del invierno: bajamar, swell del noroeste y diez años de circuito mundial 

En 1987 el Billabong Pro Mundaka entró por primera vez en el calendario internacional de competiciones de surf. Entre 1999 y 2009 fue parada del circuito mundial ASP WCT y trajo cada otoño a los diez mejores surfistas del planeta: Kelly Slater, Tom Curren, Andy Irons, Mick Fanning... con sus equipos, sus mánagers, su prensa especializada y un volumen de furgonetas con tablas que estas calles no habían visto antes. En tres temporadas, Mundaka pasó de spot conocido en la costa vasca a parada fija del circuito. 

La razón de que el surf encontrara aquí su izquierda es física. La barra de arena que el río Oka deposita en la boca del estuario refracta las marejadas del noroeste sobre el fondo arenoso y las hace romper como una izquierda larga y hueca de varios cientos de metros cuando todo coincide. La condición exige tres cosas a la vez: marejada potente del Noroeste, viento sureste que peina la cresta hacia atrás y marea baja. Esa combinación aparece casi solo entre octubre y marzo. Para ver la ola de Mundaka rompiendo, no basta con mirar el parte del swell: hay que cruzarlo con la tabla de mareas del día, porque una previsión perfecta coincidiendo con pleamar deja una playa plana. 

Ola de Mundaka

Las webs de previsión publican el estado del mar con cuatro o cinco días de antelación; los surfistas locales y los que llegan desde Francia, Galicia, Australia o Brasil cruzan información por WhatsApp. Cuando coincide la ventana buena, Portuondo se llena en pocas horas y la atención del pueblo se desplaza al agua. 

Pegado al Billabong Pro vino el episodio que demostró que este Mundaka es físicamente más frágil de lo que parece. En 2003 Astilleros de Murueta, ubicada río arriba dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai que fue declarada por la UNESCO el 6 de diciembre de 1984,  dragó cerca de 280.000 metros cúbicos de arena del cauce para sacar al Cantábrico un buque de gran calado construido en sus gradas. La barra desapareció. El tubo de varios cientos de metros pasó a cerrar a los cuarenta. La ola dejó de ser surfeable durante tres temporadas, el Billabong Pro de 2003 se canceló y la prueba salió del circuito mundial. En 2006 la dinámica natural de sedimentos rehizo el banco sin intervención humana. El circuito volvió. El Billabong Pro dejó la competición internacional en 2009 por razones económicas y de programación, pero la ola sigue ahí cada invierno, con o sin campeonato, esperando que las tres condiciones coincidan. 

Surfistas playa mundaka y ermita de fondo

En invierno el horario importa menos que la marea. La iglesia y la ermita están cerradas a primera hora; los chigres del puerto abren a su ritmo. El día se juega en el muelle y en la línea donde rompe la izquierda. 

Cómo llegar a Mundaka desde Bilbao y cómo planificar la visita 

La logística depende del Mundaka que entre en la jornada. Si es la primera vez: Santa María → Santa Catalina → puerto → decidir si merece volver por la ola. El resto del artículo sirve para elegir cuándo. Con ritmo tranquilo y sin entrar a comer, el recorrido básico cabe en unas tres horas; con puerto y sobremesa, media jornada larga. 

Si la visita coincide con un fin de semana de buen tiempo entre mayo y septiembre, llegar en coche significa dar vueltas: las calles interiores son estrechas, los aparcamientos disuasorios a la entrada del núcleo y los próximos a Portuondo se saturan a media mañana. Cómo llegar a Mundaka desde Bilbao sin coche se resuelve con la línea de Euskotren que une Bilbao con Bermeo: tiene parada en el centro del núcleo con frecuencias regulares durante todo el día, también festivos, y el trayecto desde el Casco Viejo de Bilbao roza la hora y cuarto. Los horarios exactos del día concreto conviene consultarlos en la web oficial de Euskotren. 

Si la visita coincide con una ventana de swell entre octubre y marzo, la condición operativa cambia: hay menos turistas pero más furgonetas con tablas, y el aparcamiento de Portuondo se concentra en pocas horas. Los días grises de invierno entre semana son los más vacíos del año aquí, aunque la cocina del puerto trabaja con menos rotación y los chigres pueden cerrar fuera de los meses fuertes. 

Para quien llega desde Bilbao y quiere combinar costa abierta, puerto y ría en un día sin estar pendiente del coche ni de los horarios, aquí es donde una jornada organizada empieza a tener sentido. La excursión que opera buendía hace exactamente ese recorrido en una jornada de unas diez horas: Gaztelugatxe en la costa abierta al norte, Bermeo con su puerto pesquero activo, Mundaka en la boca del estuario y Gernika río arriba, cerrando con una cata de txakoli en una bodega del valle. La parada en Mundaka es de alrededor de hora y tres cuartos sobre el terreno, con un guía que no se limita a cubrir miradores: los tres puntos altos (atalaya de Santa María, Santa Catalina, Portuondo) enseñan tres imágenes distintas del mismo estuario y eso es lo que el recorrido traduce. Para una primera visita, y para responder a qué hacer en Mundaka en un día desde Bilbao, la jornada guiada cubre el conjunto. 

El Mundaka de la ola depende del mar. Quien viaje en otoño-invierno y quiera ver la izquierda funcionando tendrá que volver por su cuenta, con tabla o sin ella, y cruzar la tabla de mareas con la previsión del día. 

Los meses en que conviven: octubre, mayo y los días entre semana 

Los dos Mundaka se cruzan físicamente en octubre. Es el único mes en el que las marejadas del noroeste empiezan a entrar con regularidad y, al mismo tiempo, el casco conserva el ritmo cívico del verano: misas, mercado de los miércoles, última semana antes de bajar las persianas de las casas de segunda residencia. Quien llega un sábado de octubre puede asistir, en el mismo día, a un bautizo de las once en la iglesia y a una sesión de surf en bajamar a las cinco de la tarde. Eso no pasa ni en julio (no hay ola) ni en enero (no hay agenda cívica activa). 

Mayo cumple una función parecida. Mundaka empieza a animarse, la ola aparece todavía esporádicamente y las terrazas abren con ritmo. El aforo bajo permite caminar las calles sin colas, subir a Santa Catalina sin compartir las vistas con quince cámaras y comer un pixín en el puerto sin esperar mesa. Entre semana, fuera de los puentes festivos vascos, mayo y octubre son los dos meses con la mejor relación calidad-densidad para quien quiere ver Mundaka sin elegir cuál de los dos. 

Los días entre semana del resto del año tienen su propia ventaja. Las mañanas de martes y miércoles en pleamar de cualquier mes son las horas en las que Mundaka funciona solo como núcleo de mil ochocientos habitantes: nadie en las terrazas, nadie en el puerto, el ayuntamiento abierto, el mercado pequeño en marcha. Es el Mundaka más fácil de mirar porque ningún calendario tira del visitante hacia un lado u otro. 

En Mundaka no suele faltar nada. Lo difícil es coincidir con el Mundaka que has venido a buscar. 

Mundaka

Preguntas frecuentes sobre Mundaka

¿Cuándo es la mejor época para visitar Mundaka según lo que quieras ver? 

Para la villa histórica, julio y agosto: procesiones, fiestas patronales, mar tranquilo. Para el spot de surf, octubre a marzo. Mayo y la primera quincena de octubre son los dos momentos en los que conviven actividad cívica y posibles ventanas de ola. 

¿Hay frecuencias suficientes de Euskotren para hacer Mundaka como ida y vuelta en el día desde Bilbao? 

Sí. La línea Bilbao–Bermeo opera con frecuencias regulares todo el día, también festivos, y la última conexión de regreso permite cubrir una jornada completa. Conviene confirmar el horario del día concreto en la web oficial de Euskotren, sobre todo en domingos y vísperas. 

¿Existe parking gratuito en Mundaka? 

Hay zonas señalizadas gratuitas a la entrada del núcleo y en los aledaños de Portuondo, pero ninguna garantiza plaza en verano, fines de semana de buen tiempo o jornadas con swell. El aparcamiento de pago más céntrico es rotatorio y también se ocupa pronto. La señalización local indica las opciones vigentes el día de la visita. 

¿Hay que ser surfista para que merezca la pena ir a ver la ola izquierda de Mundaka? 

No. Cuando rompe, la izquierda es visible desde tierra desde el mirador de la Atalaya, detrás de la iglesia de Santa María. La condición pide marejada del noroeste, viento del sureste y marea baja; las webs de previsión de surf consultadas el día antes dan la mejor estimación. 

¿Qué pasa en Mundaka el día de las Madalenas y conviene visitarla esa jornada? 

El 22 de julio, Bermeo, Mundaka y Elantxobe celebran la procesión marítima a la isla de Izaro en conmemoración de una regata medieval entre Bermeo y Mundaka por la posesión del peñón. Las traineras salen del puerto con autoridades civiles a bordo y, ritualmente, gana Bermeo. Para verla en su forma viva, ese día. Para caminar el casco con espacio, conviene evitar la víspera y el día. 

¿Se puede entrar a la ermita de Santa Catalina por dentro? 

Solo en contadas ocasiones del año, fundamentalmente en misas votivas de julio y septiembre. El resto del tiempo la visita es por fuera: el paseo desde el centro hasta la punta lleva cinco minutos y ofrece la mejor vista del estuario, la barra de arena, Laida e Izaro. 

¿Qué tiene que ver la isla de Izaro con Mundaka? 

Es el peñón rocoso visible desde la ermita de Santa Catalina. Entre 1422 y 1719 albergó un convento franciscano; Isabel la Católica desembarcó allí en septiembre de 1483. La jurisdicción del islote pertenece a Bermeo desde una regata medieval entre las dos villas que cada 22 de julio se conmemora en la procesión de las Madalenas. 

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