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Qué ver en Cartagena: la ciudad que apareció debajo de sí misma

por Pablo San Román | Chief Brand Officer | buendía
12 de junio de 2026 · Lo lees en 10 minutos

Durante casi cuatrocientos años, los habitantes de Cartagena hicieron su vida encima de un teatro romano con aforo para seis mil personas sin saber que estaba ahí. Apareció en 1988, bajo un barrio entero y bajo las ruinas de la catedral vieja, que siglos antes se había levantado con las piedras del propio teatro que pisaba. Buena parte de lo que hoy se visita aquí es eso: una urbe que tuvo enterrado, sumergido o cerrado a cal y canto lo mejor que guardaba, y que lleva tres décadas sacándolo a la superficie. Por eso, qué ver en Cartagena se parece menos a tachar monumentos de una lista que a asistir a ese rescate. 

monumento a los heroes cartagena

El Castillo de la Concepción y el ascensor panorámico: por dónde empezar 

La mejor manera de ordenar la visita es subir antes de bajar. El cerro de la Concepción corona el casco, y un ascensor panorámico salva de una vez los metros que separan la calle del castillo medieval que lo remata. Desde arriba, Cartagena enseña su forma de un golpe: un anfiteatro de colinas alrededor de una bahía cerrada, con el puerto militar a un lado, las grúas de los cruceros al otro y, en medio, el laberinto compacto por el que después se camina. 

ascensor panorámico

Esa altura sirve para algo más que la fotografía. Desde el castillo se localizan a la vez el teatro romano, el anfiteatro todavía medio excavado, el Hospital de Marina y la línea del Arsenal, y queda claro qué hay debajo de cada plaza antes de pisarla. Saber dónde cae cada cosa desde aquí ahorra vueltas abajo. Subir a pie por el parque Torres lleva unos minutos; el ascensor evita el desnivel, que en días de calor se agradece. 

Ayuntamiento cartagena

Al bajar, el camino natural es la Calle Mayor, peatonal, donde la Cartagena que sí estuvo siempre a la vista enseña sus fachadas. La plata de las minas de la sierra de Cartagena-La Unión enriqueció a finales del XIX a una burguesía que se construyó un centro en clave modernista; el Gran Hotel, con su cúpula esquinada, es la obra mayor de Víctor Beltrí, el arquitecto que dejó la zona llena de miradores y azulejos. La Calle Mayor sigue siendo el salón de la ciudad, y a media tarde se llena de gente que pasea y toma café entre esas fachadas. 

El Teatro Romano que apareció en 1988 bajo la catedral 

Teatro Romano de Cartagena

El hallazgo fue un accidente. En 1988, unas obras para un centro de artesanía destaparon restos monumentales en el solar de un viejo palacio, y el arqueólogo Sebastián Ramallo, de la Universidad de Murcia, dirigió la excavación que fue sacando a la luz, campaña tras campaña hasta 2003, un teatro construido a finales del siglo I a.C. bajo Augusto. Tenía graderío para seis mil espectadores. Llevaba tanto tiempo tapado que sobre él se habían apilado un mercado, un barrio de pescadores y una catedral. 

Esa catedral es la pieza que mejor cuenta lo ocurrido. Santa María la Vieja, primera sede de la diócesis, se había levantado en época medieval reaprovechando los sillares del recinto romano que tenía justo bajo sus pies, sin saberlo. Un bombardeo de noviembre de 1936 la dejó en ruinas, y así continúa. De modo que el visitante baja hoy desde una iglesia rota hasta una cávea intacta, el edificio que destruyó una guerra montado sobre el edificio que el tiempo había borrado del mapa. 

Catedral de Santa María la vieja

Rafael Moneo resolvió esa superposición con el Museo del Teatro Romano, abierto en 2008, que arranca junto a la dársena y termina, tras un corredor que cruza por debajo de la catedral, en la propia grada del teatro. Si solo entras a un gran recinto arqueológico en Cartagena, que sea este; entre el museo y la cávea se va una hora larga, a veces dos. Conviene hacerlo a primera hora, porque el casco es pequeño y en día de crucero o en Semana Santa la cola del recinto y del ascensor tiende a alargarse. 

El Foro del Molinete y la Muralla Púnica: lo que sigue bajo la calle 

Aquel hallazgo no fue el único. A pocos minutos, en el cerro del Molinete, las pasarelas del Barrio del Foro Romano cruzan por encima de una calzada original, unas termas del siglo I y un edificio con un santuario dedicado a la diosa Isis. Es uno de los mayores yacimientos urbanos de España, y también pasó siglos bajo el caserío antes de volver a la luz. 

muralla púnica

Más abajo, junto al agua, un tramo de muro cambia de civilización. La Muralla Púnica se alzó hacia el 228 a.C., cuando esto era Qart Hadasht, la base que el general Asdrúbal levantó para Cartago, y es uno de los poquísimos restos púnicos que quedan en España. Apenas dos décadas después, en el 209 a.C., Escipión se la quedó para Roma y la rebautizó Carthago Nova, la de la plata, con minas que ocupaban a miles de esclavos en los cerros de alrededor. 

Esa Cartagena enterrada no se queda quieta. Cada septiembre, más de cuatro mil cartageneros representan en la calle la Segunda Guerra Púnica en las fiestas de Carthagineses y Romanos: la fundación de Qart Hadasht, el desembarco de las legiones y la toma de la urbe. La misma historia que pasó siglos bajo tierra, peleada otra vez a cielo abierto. 

El Arsenal, el submarino Peral y el puerto que estuvo cerrado 

Que tanto siguiera bajo tierra tiene una causa con uniforme. Cartagena es una de las grandes bases navales de España desde el siglo XVIII, cuando Carlos III levantó el Arsenal sobre la bahía. Durante generaciones, una parte enorme del frente marítimo y del suelo de alrededor fue militar, de acceso prohibido. Lo que en otros sitios se urbanizó, aquí quedó congelado tras una verja. 

Submarino Peral

De ese mundo de mar y guerra salió el objeto que la población ha hecho suyo. Isaac Peral, nacido en Cartagena en 1851, diseñó el primer submarino propulsado solo con baterías eléctricas, botado en 1888. La nave se construyó en San Fernando, pero descansa desde hace años en el Museo Naval cartagenero, convertida en emblema. 

Arsenal sobre la bahía

Aquel puerto sigue mandando. La misma bahía protegida que eligieron los cartagineses acoge hoy a la Armada y a los cruceros que descargan miles de visitantes cada mañana. Esa vocación de plaza fuerte le dio también su episodio más bravo. En 1873, Cartagena se declaró cantón independiente, acuñó moneda propia y aguantó seis meses de asedio antes de rendirse, el último cantón en caer de toda aquella revolución federal. Lo militar y lo turístico comparten hoy muelle, y el segundo difícilmente existiría sin lo que el primero mantuvo a salvo tantos años. De ese puerto sale también la mesa de la ciudad: el caldero de arroz y pescado de roca del Mar Menor, los michirones de habas con chorizo y el asiático, ese café con brandy y Licor 43 que se inventó aquí para los marineros. 

castillo, cartagena

Cómo ver Cartagena en un día y bajar a Cabo de Palos 

Con todo concentrado y peatonal, el casco histórico de Cartagena se ve a pie y sin coche. Qué ver y qué hacer en Cartagena en un día se ordena casi solo: castillo y ascensor para situarse, teatro romano y museo, el Foro del Molinete, la Muralla Púnica y un paseo por el puerto, donde el ARQUA (el museo nacional dedicado al patrimonio que se recupera del fondo del mar) remata la cuenta de lo escondido con su mitad sumergida. El centro entero se anda en una sola jornada; con todos los interiores por dentro, pide el día al completo. 

Lo que esta costa guarda bajo el agua, sin embargo, no acaba en el muelle. A poco más de media hora siguiendo el litoral (bastante más en pleno verano, por el tráfico y el aparcamiento de La Manga) está Cabo de Palos, un pueblo de faro al pie de una de las mejores reservas de buceo del Mediterráneo, con pecios como el del Sirio reposando en el fondo. Da por sí solo para otra jornada, y lo contamos aparte en la guía de qué ver en Cabo de Palos. 

Encajar las dos mitades del día, la de piedra y la de mar, obliga a calcular traslados, aparcamiento y horas de luz, y a regresar luego al punto de partida. Ese rompecabezas lo resuelve buendía con una jornada guiada que, después de ordenar el casco por la mañana, baja hasta Cabo de Palos por la tarde, con el faro, la lonja y la reserva, sin conducir entre paradas ni pelearse con la cola de las horas punta. La mañana con guía añade además lo que la piedra no cuenta sola, por qué el teatro acabó bajo la ciudad y qué queda de la Cartagena púnica, sin tener que reconstruirlo por cuenta propia. Para quien quiere visitar Cartagena en un día sin renunciar al mar, es la manera de no dejar fuera ni el teatro enterrado ni la costa. 

Al final, lo que queda es el gesto de la propia Cartagena: bajar desde una calle cualquiera, pasar por debajo de una catedral en ruinas y salir a la grada de un teatro de hace dos mil años. Cuatro siglos tardó la ciudad en volver a dar con él; cruzar el corredor que baja hasta la cávea, bajo la catedral, lleva un par de minutos. 

Preguntas frecuentes sobre qué ver en Cartagena

¿Cómo se llega a Cartagena y se mueve uno sin coche? 

Cartagena tiene estación de tren y de autobús con conexiones desde Murcia, Alicante y Madrid. El casco histórico es peatonal y muy compacto: el teatro romano, el foro del Molinete, la muralla púnica, el castillo y el puerto quedan a pocos minutos a pie entre sí, así que dentro de la ciudad no hace falta coche. 

¿Cuándo hay menos gente y cómo afectan los cruceros? 

En día de crucero y en Semana Santa o pleno verano, el casco se llena y las colas del teatro y del ascensor se disparan. La franja más tranquila es la primera hora de la mañana; subir entonces al castillo y entrar pronto al teatro evita el grueso de la afluencia. 

¿Por qué el Teatro Romano estuvo oculto hasta 1988? 

Tras caer en desuso, el teatro quedó cubierto por construcciones sucesivas: un mercado, un barrio de pescadores y la catedral de Santa María la Vieja, levantada en parte con sus propias piedras. Reapareció en 1988 durante unas obras y se excavó a lo largo de los años noventa. 

¿Merece la pena subir al Castillo de la Concepción? 

Sí, sobre todo al principio. Desde lo alto se localizan de un vistazo el puerto, el teatro romano, el anfiteatro y la bahía, lo que ayuda a ordenar el resto de la visita. Se sube en el ascensor panorámico o caminando por el parque Torres. 

¿Se puede ver Cabo de Palos el mismo día que Cartagena? 

Sí. Cabo de Palos está a poco más de media hora por la costa, así que cabe combinar la ciudad por la mañana y la costa por la tarde. Se puede ir en coche o en una excursión organizada que resuelva el traslado; el cabo da, además, para una visita propia más larga si interesa el buceo. 

¿Es Cartagena un buen plan con niños? 

Funciona bien. El casco es llano y corto, el ascensor del castillo gusta a los pequeños y los yacimientos del teatro y el foro se recorren por pasarelas cómodas. El paseo por el puerto y el barco por la bahía añaden el mar sin esfuerzo.

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