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Qué ver en Karlovy Vary: la ciudad que convirtió en rito beber sus aguas

por Pablo San Román | Chief Brand Officer | buendía
25 de junio de 2026 · Lo lees en 10 minutos
vista aérea Karlovy Vary

En Karlovy Vary la gente camina despacio bajo galerías de piedra dando sorbos a una taza de porcelana con forma de tetera. Dentro lleva un agua caliente, mineral y áspera que nadie pediría por segunda vez en un restaurante. Esa rareza explica la ciudad: más de una docena de manantiales, un géiser que brota a más de 70 grados, trece visitas de Goethe y, desde 2021, un sitio en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Qué ver en Karlovy Vary tiene una respuesta poco intuitiva. La ciudad creció alrededor de unas aguas termales que aquí nunca fueron para bañarse, sino para beberse. 

El lujo vino después, y vino por el manantial. 

La taza con pitorro y el agua que nadie tomaría por gusto 

taza de pocelana llenándose en fuente de Karlovy Vary

La taza es la primera pista. Se llama lázeňský pohárek, vaso de balneario, y es de porcelana con un pitorro plano que arranca desde el fondo del cuerpo, a medio camino entre un vaso y una tetera. El pitorro no es decorativo. Hace tres cosas a la vez: enfría el líquido mientras pasa por el conducto, frena el ritmo del trago, importante en una cura por bebida, y permite beber andando sin perder de vista el suelo de la galería. Un objeto pensado para un gesto muy concreto, caminar y dar sorbos. 

oplatky

Y el gesto se repite porque el agua aquí es medicina, no placer. Sale a unos 73 grados, sabe a hierro y a sal, y la cura clásica consiste en tomarla templada, varias veces al día y antes de las comidas. El balneario más elegante de Bohemia se organiza en torno a un líquido que, fuera de aquí, nadie elegiría tragar. Para sobrellevarlo, dos contrapesos locales acompañan el rito desde hace generaciones: las oplatky, obleas grandes y finas amasadas con la propia agua termal, pensadas para mordisquear entre fuente y fuente, y la Becherovka, el licor de hierbas que los vecinos llaman con sorna “la decimotercera fuente”. Hasta el chiste local gira en torno a beber. 

Las columnatas y el géiser del Vřídlo: una ciudad hecha para pasear sorbiendo 

columnata del molino

Si el agua se bebe en movimiento, alguien tenía que construir por dónde moverse. Eso son las columnatas de Karlovy Vary, galerías cubiertas levantadas sobre los manantiales para tomar las aguas a resguardo de la lluvia y del sol. La más imponente es la del Molino, que el arquitecto Josef Zítek, el mismo del Teatro Nacional de Praga, terminó en 1881. Tiene ciento veinticuatro columnas corintias repartidas en 132 metros de largo, doce estatuas sobre el pórtico que representan los meses del año y cinco manantiales bajo un mismo techo. A su alrededor quedan la columnata del Parque, junto al j, y la de madera blanca del Mercado, más ligera. 

ardín Dvořák

El agua que corre por todas ellas nace en un solo punto. En la columnata del Hervidero brota el Vřídlo, el manantial más caliente de todos y el origen del resto, un chorro que escupe unos dos mil litros por minuto y se eleva más de diez metros bajo cubierta. Aquí aparece la primera duda práctica del viajero. Hay más de una docena de fuentes y todas saben distinto, con temperaturas y minerales que cambian de una a otra, y el recién llegado no tiene forma de saber por cuál empezar ni cuáles son de simple paso. La regla es sencilla. El Hervidero es el más fuerte y caliente, y conviene probar poco de cada uno, sin prisa, como hace quien viene a curarse. 

geiser Vřídlo

Karlovy Vary a pie: del Jardín Dvořák al Grandhotel Pupp 

El casco termal se recorre entero a pie, siguiendo el río Teplá encajonado en el valle. La ruta lógica entra por el jardín Dvořák y su columnata, sigue por la del Molino, cruza la plaza del Mercado y desemboca en el Hervidero, frente al géiser. De ahí continúa hacia el Teatro Municipal, obra del estudio vienés Fellner & Helmer que dio su barniz imperial a media Europa central, pasa por el antiguo Kaiserbad (los baños imperiales) y termina en el Grandhotel Pupp, cuya historia arranca en 1701, al fondo del valle. La torre Diana, a la que sube un funicular desde el bosque, añade la vista desde lo alto. 

torre del palacio y la columnata del mercado en Karlovy Vary

Qué ver en Karlovy Vary en un día cabe, sin agobios, en una mañana larga o una tarde entera recorriendo este eje. Si alguien se pregunta qué hacer en Karlovy Vary durante un día, la respuesta suele ser la misma: caminarlo despacio y sin reloj. No hay grandes distancias; el casco es estrecho y lineal, hecho para andarlo, y en pocas horas se cubre de punta a punta probando fuentes por el camino. Si el tiempo aprieta, lo que no conviene saltarse es la columnata del Molino, la plaza del Mercado, el Vřídlo y el paseo hasta el Grandhotel Pupp; la torre Diana compensa cuando el día está despejado y sobra rato, pero con lluvia o prisa el casco termal rinde más que la vista de arriba. Lo que de verdad cuesta es saber qué se está mirando. 

El decorado que el cine encontró ya montado: Casino Royale y el festival 

Karlovy Vary acabó siendo una ciudad pensada también para ser vista. Durante dos siglos, tomar las aguas fue un acto médico y social a la vez, y pasear con la taza en la mano formaba parte del ritual. El resultado es un casco tan compuesto que el cine lo adoptó sin tener que tocarlo. En Casino Royale (2006), James Bond llega a la ficticia Montenegro por la columnata del Molino, que hace de estación de tren; el casino de la película es el Kaiserbad, un edificio de baños convertido en sala de juego; y el hotel donde se aloja, el “Splendide”, es el Grandhotel Pupp, que años antes ya había servido de escenario a Last Holiday. Los mismos muros levantados para la cura sirvieron de plató sin un solo decorado añadido. 

Grandhotel Pupp

Una vez al año, además, la villa vuelve a ser pantalla por su cuenta. El Festival Internacional de Cine se celebra aquí desde 1946, entrega un Globo de Cristal y figura entre los certámenes de categoría A, la misma de Cannes, Venecia o Berlín. Su sede principal está en el hotel Thermal, una mole de hormigón de los años setenta incrustada en pleno casco Belle Époque, visible desde lejos, y no en los palacios decimonónicos del paseo. A principios de julio, la galería por donde antaño caminaban los enfermos amanece convertida en alfombra roja, y por ella desfilan las estrellas. Cambió el motivo de la cita; el escenario es el de siempre. 

Cómo visitar Karlovy Vary desde Praga y cuándo ir 

Karlovy Vary está a un par de horas de Praga por carretera, hacia el oeste, casi en la frontera alemana, y es la excursión de un día más clásica que se hace desde la capital. El balneario se puede visitar todo el año; las fuentes brotan en cualquier estación, aunque el ambiente del casco cambie del verano al invierno. Las dos fechas a vigilar son los primeros días de julio, cuando el festival lo llena todo, y el centro del día en plena temporada alta, cuando los grupos coinciden en las galerías estrechas; llegar temprano cambia bastante la jornada. 

Sin guía, Karlovy Vary puede quedarse en fachadas bonitas y un agua templada que decepciona al primer trago. La jornada guiada de buendía desde Praga recorre las columnatas explicando el rito de la cura, ayuda a elegir qué fuentes probar y enlaza el Kaiserbad y el Grandhotel Pupp con la doble historia de la ciudad, la termal y la del cine. Existen dos modlidades: La Excursión al campo de concentración de Terezín y Karlovy Vary desde Praga, y la Excursión a Karlovy Vary y Castillo de Loket desde Praga. La jornada se combina con Terezin, para una jornada de memoria histórica, o con Loket, un pueblo medieval a veinte minutos cuyo castillo y puente de piedra también salieron en Casino Royale. Los detalles de cada versión están más abajo, en las preguntas frecuentes. 

atardecer fachadas karlovy vary

Conviene saber una cosa antes de reservar esperando spa. El plan sirve para tomar las aguas y caminar el casco, no para meterse en una piscina termal. El acceso a balnearios y tratamientos va aparte y se contrata por separado en los hoteles-balneario. Lo que se entrega aquí es lo que el lugar inventó hace tres siglos, el paseo y el sorbo. 

Al caer la tarde, cuando los autocares se marchan, la columnata del Molino queda casi vacía, y solo siguen allí algunos vecinos rellenando su taza en el manantial de costumbre, soplando el agua caliente mientras caminan. Toda la escenografía, la termal y la del cine, termina volviendo a ese gesto: andar y beber. 

Preguntas frecuentes sobre Karlovy Vary

¿El agua de las fuentes de Karlovy Vary se puede beber sin riesgo? 

Sí, esa es la cura: las fuentes habilitadas en las columnatas están pensadas para beberse, y los vecinos las usan a diario. Conviene tomar cantidades pequeñas, templadas y despacio, porque es agua mineral fuerte con efecto digestivo. Quien tenga dudas médicas hará bien en empezar por las menos calientes. 

¿Hay que comprar la taza de balneario o se puede beber sin ella? 

Se puede beber directamente en muchas fuentes, pero la taza con pitorro (lázeňský pohárek) es barata, se vende por toda la ciudad y resuelve el problema del agua demasiado caliente para los labios. Es además el souvenir más honesto del lugar, porque sigue cumpliendo su función original. 

¿Puedo reservar un baño o tratamiento termal por mi cuenta el mismo día de la excursión? 

Es difícil de cuadrar con el horario. Los tratamientos serios de Karlovy Vary se contratan en los hoteles-balneario, suelen requerir cita y a veces una breve consulta previa, y ocupan un tiempo que la excursión de un día no contempla. El spa de verdad pide una estancia aparte; para una visita de un día, el plan es el paseo y la degustación de aguas. 

¿Qué diferencia hay entre las dos excursiones a Karlovy Vary desde Praga? 

Las dos dedican la parte central del día al balneario, con visita guiada y tiempo libre, y se separan en la segunda parada. La Excursión al campo de concentración de Terezín y Karlovy Vary desde Praga añade Terezín, el antiguo gueto y campo nazi camino de Praga, una visita de memoria que pide ánimo y atención. La Excursión a Karlovy Vary y Castillo de Loket desde Praga añade Loket, un pueblo medieval a veinte minutos con un castillo sobre un meandro del río (prisión, exposición de porcelana, torreón con vistas al cañón y puente de piedra) que también sirvió de escenario a Casino Royale. La primera pesa más en lo histórico; la segunda combina balneario y castillo sin que uno tape al otro. 

¿Cuánto se tarda de Praga a Karlovy Vary y merece la pena ir solo un día? 

El trayecto ronda las dos horas por sentido hacia el oeste del país. Como excursión de un día funciona bien: el casco termal es compacto y se cubre a pie en media jornada, lo que deja margen para combinarlo con otra parada como Terezín. 

¿Conviene evitar el Festival Internacional de Cine? 

Depende de lo que se busque. A principios de julio la ciudad se llena de público, prensa y estrellas, y el ambiente es parte del atractivo; pero el alojamiento se dispara y las columnatas van más apretadas. Para una visita tranquila centrada en las fuentes, cualquier otra semana del año es más cómoda. 

¿Se puede entrar en el Kaiserbad o en el Grandhotel Pupp de Casino Royale? 

El Grandhotel Pupp está en activo: se puede pasar a su café o su restaurante sin alojarse y conserva el ambiente que salió en la película. El Kaiserbad, antiguo balneario imperial que hizo de casino, reabrió en 2023 tras una larga restauración y funciona hoy como espacio cultural; antes de ir conviene comprobar horarios y tipo de visita, porque el acceso al interior puede variar según la programación. 

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