Antes de que Vandelvira apareciera, donde hoy está el espacio monumental corría el arroyo de la Azacaya por el fondo de una vaguada. Se rellenó y se niveló, y el conjunto tardó en cerrarse alrededor de sesenta años, de los años treinta del siglo XVI al final de siglo. La planta salió trapezoidal, cosida a partir de varios espacios anteriores, y el pósito que se plantó después en el centro terminó de romperle la simetría. La plaza no llegó a cuadrarse nunca, y por eso no se parece a ninguna plaza mayor castellana.
En el lado corto está la Sacra Capilla del Salvador. Paulo III autorizó erigirla el 2 de febrero de 1535, la obra corrió entre 1536 y 1559 con la traza de Diego de Siloé y los contratos de cantería a nombre de Vandelvira y Alonso Ruiz, y desde 1540 fue Vandelvira quien impuso lo suyo, empezando por la sacristía. Esteban Jamete, llegado de Orleans, talló los atlantes que sostienen el escudo de los Cobos en la portada y las cariátides de la puerta de la sacristía.
Enfrente, el Palacio de Vázquez de Molina, del mismo arquitecto y para el pariente que heredó la secretaría bajo Felipe II, es la sede del Ayuntamiento de Úbeda, hoy en rehabilitación por fases. En el tercer flanco, el Palacio del Deán Ortega funciona como Parador desde 1930. Completan el casco histórico de Úbeda por este lado la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, que abre a diario con entrada de pago, y la antigua Cárcel del Obispo, que aloja los juzgados. La declaración de Patrimonio de la Humanidad que Úbeda y Baeza recibieron juntas el 3 de julio de 2003, por los criterios (ii) y (iv), protege nueve hectáreas entre las dos ciudades.
El Salvador tiene otro régimen. Pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, herederos del linaje que lo levantó, se entra con billete y su calendario no coincide con el de los edificios municipales. Entre semana parte el día en dos turnos, con cierre a mediodía; el sábado abre seguido. Conviene comprobarlo la víspera y montar el resto del recorrido alrededor de esa franja, no al revés. La diferencia pesa más de lo que parece desde el pavimento, porque la portada se agota en un par de minutos de mirada mientras la sacristía, considerada una de las piezas mayores del Renacimiento español, queda detrás de la reja que Francisco de Villalpando colocó en 1555 y del control de acceso. Los recorridos guiados que no incluyen entrada lo explican desde la puerta.