Qué ver en Úbeda: el Renacimiento que levantó una familia de secretarios del Imperio

Publicada el 9 de octubre de 2026 11 minutos de lectura
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Por Pablo San Román

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En 1537 Carlos V le vendió a su propio secretario la villa de Sabiote por más de dieciocho millones de maravedís, y en el lote iban la cerca, la fortaleza, los vasallos y la jurisdicción civil y criminal. Al año siguiente le vendió también Torres. El comprador se llamaba Francisco de los Cobos, había nacido en Úbeda hacia 1477 y despachaba los papeles del Imperio desde 1516. Entre 1535 y 1575, él y dos parientes suyos gastaron parte de aquel patrimonio en su ciudad natal, sobre un solar que la Corona acababa de despejar y con Andrés de Vandelvira al frente de la obra. Qué ver en Úbeda es, en buena medida, esa contabilidad familiar convertida en fachadas.

Tour privado, free tour o visita guiada combinada con Baeza. Aprovecha tu tiempo en Úbeda de la mano de guías locales.

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Quién puso el dinero y quién despejó el solar

Isabel la Católica ordenó en 1502 derribar el alcázar de Úbeda. La orden se ejecutó en 1507. La alcazaba que vigilaba el valle desde el siglo IX se vendió a peso, su piedra fue a rellenar fosos y una parte todavía servía siglo y medio después, en 1678, para levantar el puente de Olvera sobre el Guadalimar. En el extremo sureste de la loma quedó un solar de unos sesenta mil metros cuadrados, hoy llamado Eras del Alcázar, que se excava por campañas desde 2003 y ha dado seis milenios de ocupación, con buena parte del terreno todavía sin abrir.

Cobos venía de una hidalguía sin fondos. Trabajó a las órdenes de Hernando de Zafra hacia 1502, heredó la contaduría mayor de Granada en 1507, fue secretario del rey desde diciembre de 1516, pasó al Consejo Real en 1522 y en 1529 sumó la Encomienda Mayor de León. Sobre ese sueldo montó un sistema de rentas que incluía el ensaye de los metales que llegaban a la Casa de Contratación, arrendamientos mineros repartidos entre Vera, Azuaga, Cartagena y Lorca, las salinas de Nicaragua y el tributo sobre las carnes de su propio concejo. Con ese volumen se compraron Sabiote y Torres. Con lo que sobraba se encargó su panteón.

La Plaza Vázquez de Molina, edificio por edificio

Antes de que Vandelvira apareciera, donde hoy está el espacio monumental corría el arroyo de la Azacaya por el fondo de una vaguada. Se rellenó y se niveló, y el conjunto tardó en cerrarse alrededor de sesenta años, de los años treinta del siglo XVI al final de siglo. La planta salió trapezoidal, cosida a partir de varios espacios anteriores, y el pósito que se plantó después en el centro terminó de romperle la simetría. La plaza no llegó a cuadrarse nunca, y por eso no se parece a ninguna plaza mayor castellana.

En el lado corto está la Sacra Capilla del Salvador. Paulo III autorizó erigirla el 2 de febrero de 1535, la obra corrió entre 1536 y 1559 con la traza de Diego de Siloé y los contratos de cantería a nombre de Vandelvira y Alonso Ruiz, y desde 1540 fue Vandelvira quien impuso lo suyo, empezando por la sacristía. Esteban Jamete, llegado de Orleans, talló los atlantes que sostienen el escudo de los Cobos en la portada y las cariátides de la puerta de la sacristía.

Enfrente, el Palacio de Vázquez de Molina, del mismo arquitecto y para el pariente que heredó la secretaría bajo Felipe II, es la sede del Ayuntamiento de Úbeda, hoy en rehabilitación por fases. En el tercer flanco, el Palacio del Deán Ortega funciona como Parador desde 1930. Completan el casco histórico de Úbeda por este lado la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, que abre a diario con entrada de pago, y la antigua Cárcel del Obispo, que aloja los juzgados. La declaración de Patrimonio de la Humanidad que Úbeda y Baeza recibieron juntas el 3 de julio de 2003, por los criterios (ii) y (iv), protege nueve hectáreas entre las dos ciudades.

El Salvador tiene otro régimen. Pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, herederos del linaje que lo levantó, se entra con billete y su calendario no coincide con el de los edificios municipales. Entre semana parte el día en dos turnos, con cierre a mediodía; el sábado abre seguido. Conviene comprobarlo la víspera y montar el resto del recorrido alrededor de esa franja, no al revés. La diferencia pesa más de lo que parece desde el pavimento, porque la portada se agota en un par de minutos de mirada mientras la sacristía, considerada una de las piezas mayores del Renacimiento español, queda detrás de la reja que Francisco de Villalpando colocó en 1555 y del control de acceso. Los recorridos guiados que no incluyen entrada lo explican desde la puerta.

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Iglesia de San Isidoro de noche. Templo gótico y renacentista.

El hospital de Vandelvira que se quedó fuera de la muralla

El tercer hombre de la familia fue Diego de los Cobos y Molina, sobrino segundo de Francisco y obispo de Jaén. En 1562 encargó a Vandelvira un hospital para enfermos de bubas, que era como se llamaba entonces a la sífilis, y las obras terminaron en 1575, diez años después de morir él. Lo levantó fuera del recinto amurallado, al oeste, sobre la entrada de Úbeda desde Baeza. Quien lo busca por el casco no lo encuentra.

El Hospital de Santiago tiene un patio de doble arcada con columnas de mármol blanco corintias, una escalera claustral de bóveda colgada, capilla de planta en hache, rejas forjadas por el ubetense Juan Álvarez de Molina entre 1573 y 1575 y frescos de fines del XVI. Se le ha llamado el Escorial andaluz, aunque se empezó un año antes que El Escorial. Dentro hay hoy una biblioteca municipal, un palacio de congresos y un centro cultural, y la gente cruza el patio a devolver libros. La visita turística al edificio, en cambio, está suspendida por obras, de modo que conviene comprobar qué parte se puede pisar antes de acercarse. Con el resto del conjunto ocurrió lo mismo: el ayuntamiento ocupa un palacio, el parador ocupa otro, la biblioteca ocupa un hospital de sífilis. El panteón siguió siendo de la familia.

Cómo organizar el día en Úbeda: tiempos, calor y qué visita elegir

Recorrer Úbeda a pie es cómodo mientras se está arriba. El casco monumental es corto y casi llano, y desde la Plaza de Andalucía —donde la ciudad hace su vida diaria y donde la Torre del Reloj conserva la campana más antigua del municipio, fundida en 1574— hasta la Plaza Vázquez de Molina hay unos minutos por la calle Real. Con las entradas incluidas, qué ver en Úbeda en un día se despacha en dos o tres horas de eje monumental y deja media jornada por decidir. Merece la pena gastar parte de ella en el borde sur. La Redonda de Miradores arranca en la Puerta de Santa Lucía y rodea el antiguo alcázar por la línea de la muralla, con lienzos y torreones islámicos y cristianos embebidos entre las casas de la ronda, y enfrente el valle del Guadalquivir, el olivar de la Loma y las sierras de Cazorla y Mágina.

La hora del día pesa. La Plaza Vázquez de Molina es un trapecio abierto sin un solo árbol, con el pavimento de piedra al sol, y en julio y agosto las máximas superan con frecuencia los treinta y cuatro grados y prácticamente no llueve. A mediodía en verano no hay dónde ponerse a la sombra. La franja que devuelve la plaza es la de después de cenar, cuando la piedra ya no quema y el conjunto está iluminado. buendía la cubre con dos recorridos nocturnos, uno por la plaza, las murallas y la Redonda de Miradores, y otro en privado, con un actor que se presenta como Cobos y cuenta el asunto en primera persona.

Lo otro que hay que decidir antes de reservar es hasta dónde entra cada visita. Los recorridos guiados del casco cubren un itinerario parecido y lo que cambia entre ellos es el acceso. El free tour de buendía sale de la Plaza de Andalucía, cruza la Puerta de Granada, entra en el torreón del Portillo del Santo Cristo y ve el Salvador desde fuera. La visita guiada con entradas sí accede al interior del Salvador y al Palacio Vela de los Cobos, que sigue siendo residencia de sus dueños desde 1873 y guarda una biblioteca y un archivo histórico. Ese palacio se visita solo con reserva previa y en pases a hora fija, que es la razón para llevarlo cerrado de antemano. Esa misma visita encadena Baeza en una segunda jornada, que es la manera realista de ver Úbeda y Baeza en dos días sin recortar ninguna de las dos.

Los paneles de los monumentos dan fechas, autores y estilos. Las rentas y los cargos que pagaron la obra, y la razón de que acabara en Úbeda y no en Valladolid, no están escritos en ninguna fachada, y son lo que una visita guiada puede añadir. Hecho el eje monumental, quedan las horas de la tarde y dos direcciones posibles. Una sale de la ciudad. Baeza está a unos diez kilómetros por carretera, pide coche o autobús y es la mitad que le falta a la declaración; entre las dos ordenan casi cualquier ruta por la provincia de Jaén. La otra son diez minutos de cuesta abajo por el Losal, cruzando la muralla.

Cruzar la Puerta del Losal: alfares, esparto y forja

La Puerta del Losal es mudéjar, de doble arco de herradura apuntado sobre columnas octogonales, y desemboca en la calle Valencia. Al otro lado empieza San Millán, el barrio que concentra la alfarería de Úbeda desde que el Fuero que Fernando III otorgó a la villa, en la primera mitad del siglo XIII, fijó los precios y las características que debía tener la obra de los olleros.

En los años treinta del siglo pasado funcionaban aquí veintiuna alfarerías y cuatro tejares, y trabajaban alrededor de cien alfareros. El oficio se hundió en los sesenta por dos motivos a la vez. Llegaron los envases de plástico y llegó el agua corriente a las casas, que dejó sin clientes al cántaro. Hoy sobrevive un grupo reducido, en torno a media docena de talleres censados por el IAPH: los Tito, los Góngora, Almarza y algunos más. En al menos la mitad, los artesanos compaginan el torno con la aceituna. El vidriado verde identifica la tradición ubetense y lo llevan todos. Los hornos de leña, en cambio, ya son minoría. En la calle Valencia sigue funcionando uno de tipo hispanomusulmán, levantado sobre otro andalusí anterior y de los pocos que el IAPH da por activos en España, mientras otros talleres han pasado al gas o a la electricidad. En la misma zona hay un taller de artesonados mudéjares. El esparto se quedó arriba, en la calle Real, donde los mismos dueños llevan desde 1920 tejiendo las esteras que en su día se llamaron ubedíes. La forja artística está documentada aquí desde los mismos años del conjunto renacentista.

Los aparcamientos y el peso monumental tiran hacia el sur, y el barrio queda abajo, al otro lado de la muralla, con la mitad de sus talleres en calles sin escaparate. Varios venden directamente al público y alguno tiene museo propio, aunque siguen siendo obradores: el torno gira en horario de faena, por la mañana y entre semana. Para encadenarlos sin perder la tarde, buendía opera un recorrido privado por la Úbeda artesana que sale de la Plaza Vázquez de Molina, recoge de camino el esparto de la calle Real y baja a una alfarería con horno de leña y a una forja. La combinación que funciona es eje monumental por la mañana y barrio por la tarde. La vuelta es la misma cuesta en sentido contrario, la única pendiente seria del recorrido; quien prefiera ahorrársela puede dejar el coche arriba, en el ensanche, y bajar solo la ida.

El caudal que levantó la Plaza Vázquez de Molina entró de golpe, vino de fuera y se agotó en dos generaciones. El de la calle Valencia entra pieza a pieza y lleva entrando desde que Fernando III le fijó el precio a la loza. Entre las dos maneras de cobrar hay diez minutos de cuesta y una puerta de herradura.


Preguntas frecuentes

  • ¿Cómo se llega a Úbeda y dónde conviene aparcar?

    Úbeda no tiene estación propia de viajeros, pero las de Linares-Baeza y Jódar-Úbeda quedan a menos de veinte minutos en coche y enlazan con la red nacional. Por carretera hay líneas regulares de autobús desde Jaén, Granada, Córdoba y Madrid, con frecuencias que conviene comprobar con el operador para la fecha concreta. En coche, lo práctico es dejar el vehículo fuera del casco y entrar caminando, porque las calles son estrechas y buena parte está regulada. El ayuntamiento publica qué aparcamientos hay y cuáles son gratuitos, y conviene mirarlo antes de entrar en la ciudad.

  • ¿Compensa dormir en Úbeda o se puede hacer en el día desde Jaén o Granada?

    En el día es perfectamente viable si solo se hace el eje monumental. Dormir compensa cuando se quiere encadenar Baeza, entrar al barrio alfarero o hacer un recorrido nocturno, porque los tres se comen la tarde y la noche. Úbeda tiene además el aliciente de que uno de sus palacios del siglo XVI, el del Deán Ortega, funciona como Parador.

  • ¿Cuál es la mejor época del año para visitar Úbeda?

    Primavera y otoño. Úbeda está en el interior de Jaén, a más de setecientos metros de altitud, con veranos secos y calurosos e inviernos fríos. Octubre y noviembre añaden el arranque de la campaña de la aceituna en la comarca de La Loma, que es cuando el olivar que rodea la ciudad está en plena actividad.

  • ¿Se compra la cerámica en los propios alfares o hay que ir a una tienda del centro?

    Se compra en el taller. Varios alfares de la calle Valencia tienen tienda anexa al obrador y alguno mantiene espacio museístico propio, así que la pieza se paga donde se ha hecho y se le puede preguntar por el vidriado verde a quien lo aplica. En el centro monumental hay además comercio de artesanía, útil si no da tiempo a bajar al barrio. Ir por la mañana entre semana mejora las probabilidades de encontrar el obrador en marcha.

  • ¿La Sinagoga del Agua es realmente una sinagoga?

    No está probado. El espacio apareció en 2007 durante obras privadas de rehabilitación y se explota desde entonces como centro de interpretación, pero su identificación como sinagoga ha sido cuestionada públicamente por la directora del Museo Provincial de Jaén, por arqueólogos profesionales y por representantes de la comunidad sefardí de la provincia, sobre el argumento de que no consta excavación arqueológica previa ni documentación científica contrastada. La visita al inmueble tiene interés; la etiqueta conviene tomarla con reservas.

  • ¿Qué monumentos de Úbeda llevan entrada y cuáles se ven sin pagar?

    Casi todo el interior monumental es de pago, incluidas la Sacra Capilla del Salvador, la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares y las iglesias de San Pablo y San Lorenzo, que cobran entrada turística aunque sigan siendo parroquias. El Palacio Vela de los Cobos solo se visita con reserva previa y en pases a hora fija. Gratis queda el exterior, que en Úbeda es buena parte del interés: la Plaza Vázquez de Molina, la Redonda de Miradores, las puertas de la muralla y el barrio alfarero. El ayuntamiento publica una hoja de horarios y tarifas que conviene mirar la víspera, porque cambia por temporada y por obras.

  • ¿De dónde viene la expresión «irse por los cerros de Úbeda»?

    La versión más repetida la sitúa en la conquista cristiana de 1233, cuando un capitán del ejército de Fernando III habría desaparecido antes del asalto y justificado después su ausencia diciendo que se había perdido por los cerros. No hay constancia documental del episodio y el personaje al que se atribuye, Álvar Fáñez, había muerto más de un siglo antes, así que se trata de una leyenda de formación tardía. Los cerros existen: son las lomas que rodean la ciudad por el sur y el este.

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