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Qué ver en Sallent de Gállego: el pueblo que compró su estación de esquí y recompró su aldea al embalse
- El casco entre el puente y la iglesia: hora y media a pie
- El valle que firmaba la paz con Francia por su cuenta
- Lanuza: la aldea que volvió del embalse
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Preguntas frecuentes sobre qué ver en Sallent de Gallego
- ¿Cómo se llega a Sallent de Gállego en transporte público?
- ¿Dónde se aparca en Sallent de Gállego en temporada alta?
- ¿Se puede ir andando de Sallent a Lanuza?
- ¿Cómo afecta Pirineos Sur a la visita en julio?
- ¿Qué se puede hacer en Sallent de Gállego sin esquiar?
- ¿En qué época conviene subir al ibón de Respomuso?
- ¿Merece la pena subir al Portalet?
Las casas del casco viejo de Sallent de Gállego llevan nombre de familia: casa Martón, casa del Reyno, casa Socotor. En 1964, casi todas esas familias compraron acciones de una estación de esquí que todavía no existía; treinta años más tarde, los antiguos vecinos de Lanuza recompraron la aldea de la que un pantano los había echado. Esa costumbre ordena qué ver en Sallent de Gállego: el casco que el dinero nuevo no llegó a tocar, la estación a cuatro kilómetros, la aldea rehecha en la orilla y un escenario que solo flota tres semanas al año.

El casco entre el puente y la iglesia: hora y media a pie
El municipio reparte tres núcleos que conviene distinguir antes de reservar nada. Sallent es el casco histórico, a 1.305 metros, en la cola del embalse de Lanuza y al pie de la Peña Foratata, la montaña con un agujero en la cresta que asoma sobre los tejados. Formigal, cuatro kilómetros monte arriba, concentra la estación y la edificación posterior a 1964. Lanuza, a unos tres kilómetros por la orilla, es el caserío reconstruido. Juntos concentran lo esencial que ver en el valle de Tena en su tramo alto, y resuelven qué ver en Sallent de Gállego en un día: la mañana para las calles, la tarde para una excursión. Con solo unas horas, el tramo del puente a la iglesia, el paseo a Lanuza por la orilla y el mirador de San Mamés componen el recorrido más equilibrado.

Recorrer Sallent de Gállego a pie cuesta entre una hora y hora y media. La entrada natural es el puente sobre el Aguas Limpias, llamado romano aunque lo levantó a mediados del siglo XVI el piquero guipuzcoano Juan de Barrabica: un solo arco de doce metros de luz, con el lomo tan marcado que el suelo inclina hacia ambos extremos. Une el barrio del Paco con el núcleo original. Desde ahí las calles suben hacia la plaza, donde el Mentidero (un porche cubierto en el que los vecinos llevan generaciones poniéndose de acuerdo) convive con un triple arco románico y con el Mallo Sallentino, la pieza contemporánea del escultor Ángel Orensanz. Entre medias, las casas blasonadas con su rótulo: la torre de casa Martón, de los siglos XIV y XV, es el edificio más antiguo de Sallent. Arriba del todo, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de hacia 1525: gótico tardío levantado sobre una ermita románica, Bien de Interés Cultural desde 2001, con el retablo plateresco que Juan de Lanuza encargó al escultor italiano Juan de Moreto y la imagen de la Virgen de las Nieves, la patrona que la villa celebra cada 5 de agosto.
Llegar pide más planificación que el paseo. La A-136 muere en la frontera y Sallent es su último pueblo; desde Zaragoza salen unas dos horas de volante por sentido, la carretera ha registrado cortes temporales en periodos recientes y el transporte público hasta aquí exige transbordos con horarios escasos. buendía resuelve ese encaje con la excursión que parte de Zaragoza y enlaza Canfranc, Jaca y Sallent de Gállego en la misma jornada: autobús privado, guía propio y tiempo libre en cada parada — el de Sallent da justo para el recorrido completo con calma.
El valle que firmaba la paz con Francia por su cuenta
El Portalet queda a once kilómetros, a 1.794 metros, y de ese puerto vivió la comarca durante siglos. El valle de Tena se gobernó solo hasta 1836: doce lugares en tres quiñones (Sallent con Lanuza, Panticosa y La Partacua), una Junta General presidida por un Justicia propio y un arca de triple cerradura para los privilegios, una llave por quiñón.

La frontera, aquí, funcionó sobre papel. Desde el siglo XIV, Tena y el vecino valle bearnés de Ossau firmaron pacerías (tratados de pastos y de paz renovados valle a valle, al margen de lo que hicieran las coronas): por el puerto bajaban mulas y yeguas francesas y subían lana, aceite y sal. Cuando el XIX llenó la raya de aduanas y carabineros, el mismo conocimiento del terreno pasó al estraperlo —café, azúcar, telas, ganado y, sostiene la memoria local, hasta una cosechadora despiezada—. Hoy los dos valles celebran juntos la Fiesta del Pourtalet en lo alto del puerto.
1964: doscientos accionistas para quedarse
La última Junta General se disolvió en 1836; la siguiente votación importante de Sallent fue una junta de accionistas. A mediados del siglo XX la ganadería ya no sostenía la montaña aragonesa y los pueblos del Pirineo perdían gente a cada censo. El 2 de mayo de 1964, con el alcalde Ángel Franca y el abogado zaragozano Ramón Sainz de Varanda como impulsores, los vecinos constituyeron Formigal S.A.: doce millones de pesetas suscritos por unos doscientos accionistas, con prácticamente todas las familias dentro. El primer telesilla, el Furco, de dos plazas, arrancó en enero de 1965 con el ministro Fraga Iribarne presente.

La edificación nueva se concentró en Formigal, monte arriba, y las calles viejas conservaron escala, piedra y rótulos. En invierno Sallent tfunciona como base: los esquiadores salen temprano, vuelven con la última luz y llenan los bares al caer la tarde. Para dormir, Formigal y Sallent de Gállego reparten papeles: la urbanización deja a pie de pistas; la villa conserva cena, barra y paseo al volver. Los sábados de temporada alta la A-136 sube cargada desde Biescas; madrugar evita la cola y deja las calles vacías para el paseo.
Lanuza: la aldea que volvió del embalse
No todas las cuentas del siglo XX las llevó el pueblo. La Confederación Hidrográfica del Ebro empezó a expropiar Lanuza en 1961 para regular el Gállego; el 6 de mayo de 1976, con 147 habitantes aún viviendo allí, cerró las compuertas, y el 21 de enero de 1978 salieron los últimos vecinos. El agua no subió hasta donde decían los cálculos: solo alcanzó las casas bajas. En los años noventa los antiguos propietarios recuperaron lo no sumergido y lo levantaron de nuevo casa a casa, sin ayudas públicas, cada familia a su ritmo. Hoy Lanuza ronda los cuarenta censados y es la imagen más fotografiada del municipio: un puñado de tejados de pizarra ordenados sobre la lámina de agua que estuvo a punto de borrarlos. Verla entera lleva menos de una hora.

Desde 1992, además, el pantano devuelve parte de lo que quitó. Cada julio el festival Pirineos Sur monta un escenario flotante sobre el embalse, con la ladera como grada y aforo para 5.500 personas según la organización; en la primera edición, Luz Casal llegó al escenario navegando en velero. La edición de 2026 ocupa del 9 al 26 de julio. Dos avisos antes de organizar el viaje alrededor de esa imagen: esas semanas el Tena entero se llena y el alojamiento vuela con meses de antelación; y el escenario se desmonta al acabar el festival, así que el viajero de agosto encuentra el pantano sin él. Lanuza queda a un paseo de Sallent por la orilla y es la primera respuesta a qué ver cerca de Sallent de Gállego.
El agua de valle arriba: de la cascada de El Salto al ibón de Respomuso
El mismo río que llena el pantano de Lanuza baja desde el circo de Respomuso, y trae el nombre del pueblo en la corriente: Sallent viene del latín saliens, lo que salta. El salto en cuestión sigue ahí. La cascada de El Salto cae a unos dos kilómetros andando desde la villa, por senda señalizada y con mirador a 1.335 metros, en un paseo apto para ir con niños. Antes de la regulación del río su estruendo llegaba hasta las primeras calles; tres embalses y un aprovechamiento hidroeléctrico después, la cascada trabaja con caudal administrado.

Buena parte de qué hacer en Sallent de Gállego espera valle arriba, y sube de exigencia por tramos. El embalse de La Sarra, justo encima del caserío, admite coche y paseo llano. Desde ahí el GR-11 remonta el desfiladero del Paso del Onso hasta el ibón de Respomuso y su refugio: unos dieciséis kilómetros entre ida y vuelta, 730 metros de desnivel, una jornada completa de montaña que con nieve exige experiencia y material. Entre ambos extremos, el mirador de San Mamés entrega la panorámica de los tejados con la Foratata detrás. La regla práctica: El Salto para familias, San Mamés para la foto, Respomuso para quien va a la montaña en serio.
Queda una excepción. El caudal del Aguas Limpias pertenece a una concesión y baja por turnos entre presas: es la única pieza del paisaje que los vecinos no administran. La estación y la aldea junto al agua sí conservan esa marca: Formigal nació de las familias que en 1964 apostaron doce millones de pesetas a que la nieve daba para vivir; Lanuza, de quienes acabaron comprando dos veces el mismo pueblo.
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Sallent de Gallego
¿Cómo se llega a Sallent de Gállego en transporte público?
Con transbordos: tren o autobús hasta Sabiñánigo o Jaca y desde allí línea de autobús del valle de Tena, con servicios escasos fuera de temporada. Conviene comprobar horarios actualizados antes de viajar. Sin coche, la opción más directa desde Zaragoza es una excursión organizada con transporte incluido.
¿Dónde se aparca en Sallent de Gállego en temporada alta?
En los aparcamientos del acceso al casco, que en los sábados de esquí y durante las semanas del festival llegan a llenarse a media mañana. Llegar a primera hora resuelve casi siempre el problema; el casco en sí es de calles estrechas y no admite coche.
¿Se puede ir andando de Sallent a Lanuza?
Sí. Una senda recorre la orilla del embalse en unos tres kilómetros por sentido, sin desnivel relevante: menos de una hora a pie. Es la manera más coherente de ver la aldea, con los tejados de pizarra apareciendo sobre el agua según te acercas.
¿Cómo afecta Pirineos Sur a la visita en julio?
La edición de 2026 ocupa del 9 al 26 de julio, con conciertos de jueves a domingo. Esas semanas el alojamiento del valle se agota con meses de antelación y el ambiente cambia por completo. Si buscas montaña tranquila, evita esos fines de semana; si vas al festival, cierra cama antes que entradas.
¿Qué se puede hacer en Sallent de Gállego sin esquiar?
El recorrido del casco, el paseo a la orilla del embalse y, con nieve estable, salidas con raquetas por los alrededores. La otra mitad del plan es de mesa: olla tensina, migas y ternasco en un municipio que la prensa regional señala como el de más bares por habitante de España.
¿En qué época conviene subir al ibón de Respomuso?
De finales de primavera a comienzos de otoño, cuando la senda del Paso del Onso está libre de nieve. Con nieve es terreno de experiencia y material de alta montaña. El refugio guardado junto al ibón permite convertir la jornada en dos días más tranquilos.
¿Merece la pena subir al Portalet?
Son once kilómetros de carretera de montaña hasta los 1.794 metros del puerto, con el valle francés de Ossau abriéndose al otro lado. Como mirador y como cierre de la historia fronteriza del valle, compensa la media hora extra. La A-136 ha registrado cortes temporales en periodos recientes: comprueba el estado antes de subir.