La Part Alta ocupa la terraza más alta de la ciudad, que es justo donde Roma colocó el poder de la provincia: el fórum provincial, la Torre del Pretori y, pegado a ellos, el circo. El barrio medieval se instaló dentro de ese recinto y no lo derribó; lo reaprovechó. Por eso la catedral gótica, empezada en el siglo XII, se alza sobre el solar del templo de Augusto, el recinto de culto imperial que coronaba Tarraco y que, según los arqueólogos, pudo ser de los primeros del Imperio dedicados a venerar a un emperador.
La pieza que mejor enseña esta mecánica es la Plaça de la Font, hoy el espacio de las terrazas y el mercado. Es alargada y un poco curva sin motivo aparente; el motivo es que sigue el trazado de la pista de carreras, y las casas estrechas que la rodean apoyan los cimientos en las bóvedas que sostenían las gradas. La plaza no delata el circo: hay que bajar a las galerías abovedadas y subir luego a la Torre del Pretori, desde donde el estadio aparece entero por debajo del barrio. En el casco antiguo de Tarragona, muchos de estos restos romanos aparecen cuando buscas otra cosa: una plaza, una escalera, la entrada a un edificio medieval. Reconocerlos sobre la marcha, sin que nadie los señale, es lo que más cuesta en una primera visita; por eso conviene empezar arriba, en la Part Alta, que reúne la mayor parte de los recintos visitables y ahorra subir y bajar la cuesta de más.